Era una fría tarde de noviembre. Jaime se adentró en la boca de metro, escuchando el "nuevo" disco de The Killers. Acabó el segundo tramo de escaleras, y sacó su abono para picar. Salió al andén, y de repente, un hombre se para delante suyo.
- ¿Me puedes hacer un favor?
El hombre le dijo eso sin más, mientras Jaime, atónito, se quitaba los cascos, como si no hubiese escuchado del todo.
- ¿Me puedes hacer un favor?
El hombre repitió la pregunta, creyendo quizá que no le había oído con los auriculares puestos. Jaime respondió titubeante...
- Sí...
-Mira, es que... No se si se me ha roto el aparato, o son los auriculares. Es que no escucho por uno... Si puedes probar con los tuyos por favor...
Jaime responde.
-Sí claro, no se preocupe.
Mientras el hombre repetía su problema y le daba mil veces las gracias, Jaime puso sus cascos en el viejo walkman del hombre. Escuchó y...
-Se oye mal, no se oye por éste.
Jaime contestó mientras señalaba el izquierdo. Ante la cara de incredulidad del hombre, quién al parecer daba por hecho que lo averiado era su mítico walkman, Jaime le acercó los auriculares a sus orejas. Por fin el hombre pareció resignarse y concluyó lo que Jaime ya le había dicho.
-No se oye por este...
El hombre comenzó a agradecer sin pausa a Jaime el favor que le había hecho, mientras éste repetía que no pasaba nada.
Al fin, cuando Jaime se iba, el hombre gritó una última frase a su espalda.
-¿No estarán rotos tus auriculares también no?
Jaime negó con la cabeza y se alejó por el andén, mientras pensaba, "Qué favores tan raros pide la gente..."
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