Como si fuese ayer, pasaba con la bicicleta por debajo del puente de las vías del tren, evitando los raíles del tranvía, temblequeando en el adoquinado que llevaba hasta la estación de Lambrate. Iba a toda velocidad, esquivando con habilidad cualquier obstáculo, cruzando la plaza Loreto, y el túnel de Centrale, y las tiendas de pizza, y los parques, y las fuentes donde corre el agua sin fin.
Pero ya no era así. Ahora existía Animals de Muse, y resonaba en su cabeza, y no tenía bicicleta, y conocía Australia, y, seguramente, ya no hablaba muy bien el italiano. Pero le seguía siendo familiar, y siempre lo sería, porque fue su casa y hogar, y todas aquellas calles le pertenecían, incluso aunque si volviese ahora todo hubiese cambiado, y ya no hubiese Esselunga, y el tranvía 3 fuese ahora el 87, y las aceras ya no fuesen de duro y negro asfalto, y tras aquella puerta ya no le esperase nadie.
1 comentario:
Hay que perfeccionar ese estilo narrativo ruso, o tu libro no lo comprará ni Perry! xD
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