(Hago un inciso en el relato del Camino de Santiago. Principalmente, porque esto merece un post. Y además, tengo que decir, que desgraciadamente ya no escribí más allí, y que tendré que tirar de recuerdos.)
Seguro que no ha sido el mejor concierto al que he ido. Ha sido probablemente el peor público que he visto nunca, maleducado, faltón e incluso desinteresado. El repertorio no ha sido ni mucho menos el que yo hubiese deseado. Pero, creedme, ha sido sin duda el tío con más talento que he visto en mi vida. Les da mil vueltas a todos los demás que he visto. Qué maravilla.
Mark Knopfler, un Knopfler mayor y sentado en una silla, por problemas de columna según me he enterado, un Knopfler sin una cinta rosa en la cabeza, y un Knopfler muy folk al estilo de su nueva época, ha tocado hoy en Las Ventas. Y yo he podido verle, mejor aún, he podido escucharle haciendo hablar a la guitarra. Cada vez que se ponía a hacer un punteo se me ponía la carne de gallina.
Como digo, ha estado muy tranquilito, tocando muchas canciones con violines e incluso gaitas. Ha comenzado y cerrado igual que en su último disco, ha tocado What It Is, Sailing To Philadelphia, So Far Away, Telegraph Road...
Yo me he emocionado con Romeo & Juliet. Qué escándalo, qué pedazo de canción, qué artista. Sultans Of Swing, otra obra maestra, esa guitarra estaba viva. Y casi al final, para compensarme por no tocar Local Hero, me ha hecho disfrutar con Brothers In Arms, épica.
Un pedazo de crack, no necesita las palabras para emocionar. Un espectáculo. Grande.
jueves, 29 de julio de 2010
miércoles, 28 de julio de 2010
Día 2 - El final español
Escribo este día una jornada tarde, por lo que contaré a continuación.
Salimos de Puente la Reina y justo al salir del pueblo, había un Mortirolo cualquiera, imposible de subir montado en la bici. Estaba casi llegando al final, y un hombre que recogía la basura del Camino, me ayudó empujando el sillín, y ni siquiera le dije que no lo hiciera, porque es que no podía ya ni arrastrarla.
El terreno de esa mañana era duro, repleto de sube y bajas, y con los caminos llenos de piedra, por lo que en muchos era imposible escalarlos a lo Chava.
Recuerdo que llegamos a un camino que tenía un lado más alto que otro, y no se podía ir abajo así fácilmente. Unas chicas se pararon para dejarnos pasar, pese a que les decíamos que no hacía falta. El caso es que una era preciosa, un ángel. Eran extranjeras creo...

Así seguimos, pero avanzando muy poco y muy mal, con mi compañero dormilón descolgándose todo el rato. Paramos a desayunar en Lorca, y me tomé un bocadillo de queso y un cortadito. Yo iba muy fuerte, no sé si fue el café o qué.
Comimos en Azqueta, que era un pueblo horrible, en el que la sombra brillaba por su ausencia. Allí nos dieron un plato combinado, que por cierto era bastante escasito. Al acabar hablamos un rato con el marido de la dueña, estuvo bien.
Después fuimos a tirarnos a algún verde, pero habíamos llegado a un lugar donde el rey era el sol. No había un sólo árbol. Lo máximo que se levantaba del suelo eran viñas. Por fin conseguimos llegar a un pueblo más normal, y Snorlax se fue... ¡A un banco! La indignación corría por mis venas, y decidí tomar el mando y nos fuimos al cobijo de un árbol.
Estuvimos un buen rato ahí, pero el sol causaba estragos sin importarle la hora, así que al final salimos.

Una travesía por el desierto. Incluso, una pareja de italianos, de unos 40 o 50 años, nos hicieron señas desde lejos. Estaban en el único árbol en yo no sé cuántos kilómetros a la redonda, y nos pidieron agua. Les rellené la botella, no sin advertirles de que estaba caliente, y seguimos nuestro viaje. Como 500 metros después nos pidieron fuego, pero eso ya sí que no teníamos, además de ser irónico dado el calor que hacía.

Al final llegamos a un pueblito, y paramos en un parque que había una fuente. Yo iba ahí tocadísimo, me dio un pequeño corte de digestión creo, y claro, entre eso y las cuestas estaba un poco de mala leche. Perezoso también iba regular, y le di unos croissants de chocolate de avituallamiento. Un señor nos estuvo hablando, recomendándonos, y charlando de todo un poco, muy simpático, un crack. Nos dijo que fuésemos por la carretera pero yo no quise. La verdad es que hasta me dio cierta pena dejarle ahí solo, espero que le esperase alguien en casa.
Y por fin llegamos a Viana, y lo hicimos apurados para ver el partido. Rápidamente me duché, y fui a una pantalla gigante donde lo ponían. Para la segunda parte nos fuimos a cenar, y ahí fue cuando marcó Puyol el Puyolazo. Estaba lleno de alemanes aquello, y yo gritando gol y agitando los puños como un auténtico loco. Sufrí un poquito, pero a la final que fuimos. Nos invitaron a champán, charle con un grupo de detrás, y una alemana nos deseó suerte para la final. Luego nos fuimos al albergue que ya estaba cerrado casi, y cuando llegamos a la habitación había un individuo roncando muchísimo. Creo que era italiano, y aunque no estoy seguro, a partir de ahí siempre nos referiríamos a él así, como el italiano de los ronquidos. Bajé al piso de abajo para hablar por teléfono, y de repente empecé a escuchar el timbre. Era un señor mayor, que decía "tú me conoces, ¿verdad?" sin parar, y que se decía creer una figura famosa en el mundo entero, y una chavala francesa de buen ver, que había llegado tarde. Cuando al final entró la francesa me dijo que no comprendía nada de lo que le decía aquel hombre. El caso es que me dijo que gracias y que ya se creía que dormía fuera y lo típico...
Después, volví a la habitación, y el italiano parecía que se iba a morir en cada ronquido. Era una barbaridad aquello, un auténtico escándalo. No podíamos dormir entre eso y el tremendo calor, y nos dimos una vuelta por el albergue. Por cierto, era un albergue bastante malo, y encima costaba seis euros. De hecho el piso de abajo, que era un comedor, cocina y tal no estaba mal, pero tanto habitaciones como baño patéticos. Baño cutre, una sola ducha creo, literas triples con poco espacio...
Finalmente conseguí dormirme, y pese a todo estaba muy contento, porque España estaba en la final.
Salimos de Puente la Reina y justo al salir del pueblo, había un Mortirolo cualquiera, imposible de subir montado en la bici. Estaba casi llegando al final, y un hombre que recogía la basura del Camino, me ayudó empujando el sillín, y ni siquiera le dije que no lo hiciera, porque es que no podía ya ni arrastrarla.
El terreno de esa mañana era duro, repleto de sube y bajas, y con los caminos llenos de piedra, por lo que en muchos era imposible escalarlos a lo Chava.
Recuerdo que llegamos a un camino que tenía un lado más alto que otro, y no se podía ir abajo así fácilmente. Unas chicas se pararon para dejarnos pasar, pese a que les decíamos que no hacía falta. El caso es que una era preciosa, un ángel. Eran extranjeras creo...
Así seguimos, pero avanzando muy poco y muy mal, con mi compañero dormilón descolgándose todo el rato. Paramos a desayunar en Lorca, y me tomé un bocadillo de queso y un cortadito. Yo iba muy fuerte, no sé si fue el café o qué.
Comimos en Azqueta, que era un pueblo horrible, en el que la sombra brillaba por su ausencia. Allí nos dieron un plato combinado, que por cierto era bastante escasito. Al acabar hablamos un rato con el marido de la dueña, estuvo bien.
Después fuimos a tirarnos a algún verde, pero habíamos llegado a un lugar donde el rey era el sol. No había un sólo árbol. Lo máximo que se levantaba del suelo eran viñas. Por fin conseguimos llegar a un pueblo más normal, y Snorlax se fue... ¡A un banco! La indignación corría por mis venas, y decidí tomar el mando y nos fuimos al cobijo de un árbol.
Estuvimos un buen rato ahí, pero el sol causaba estragos sin importarle la hora, así que al final salimos.
Una travesía por el desierto. Incluso, una pareja de italianos, de unos 40 o 50 años, nos hicieron señas desde lejos. Estaban en el único árbol en yo no sé cuántos kilómetros a la redonda, y nos pidieron agua. Les rellené la botella, no sin advertirles de que estaba caliente, y seguimos nuestro viaje. Como 500 metros después nos pidieron fuego, pero eso ya sí que no teníamos, además de ser irónico dado el calor que hacía.
Al final llegamos a un pueblito, y paramos en un parque que había una fuente. Yo iba ahí tocadísimo, me dio un pequeño corte de digestión creo, y claro, entre eso y las cuestas estaba un poco de mala leche. Perezoso también iba regular, y le di unos croissants de chocolate de avituallamiento. Un señor nos estuvo hablando, recomendándonos, y charlando de todo un poco, muy simpático, un crack. Nos dijo que fuésemos por la carretera pero yo no quise. La verdad es que hasta me dio cierta pena dejarle ahí solo, espero que le esperase alguien en casa.
Y por fin llegamos a Viana, y lo hicimos apurados para ver el partido. Rápidamente me duché, y fui a una pantalla gigante donde lo ponían. Para la segunda parte nos fuimos a cenar, y ahí fue cuando marcó Puyol el Puyolazo. Estaba lleno de alemanes aquello, y yo gritando gol y agitando los puños como un auténtico loco. Sufrí un poquito, pero a la final que fuimos. Nos invitaron a champán, charle con un grupo de detrás, y una alemana nos deseó suerte para la final. Luego nos fuimos al albergue que ya estaba cerrado casi, y cuando llegamos a la habitación había un individuo roncando muchísimo. Creo que era italiano, y aunque no estoy seguro, a partir de ahí siempre nos referiríamos a él así, como el italiano de los ronquidos. Bajé al piso de abajo para hablar por teléfono, y de repente empecé a escuchar el timbre. Era un señor mayor, que decía "tú me conoces, ¿verdad?" sin parar, y que se decía creer una figura famosa en el mundo entero, y una chavala francesa de buen ver, que había llegado tarde. Cuando al final entró la francesa me dijo que no comprendía nada de lo que le decía aquel hombre. El caso es que me dijo que gracias y que ya se creía que dormía fuera y lo típico...
Después, volví a la habitación, y el italiano parecía que se iba a morir en cada ronquido. Era una barbaridad aquello, un auténtico escándalo. No podíamos dormir entre eso y el tremendo calor, y nos dimos una vuelta por el albergue. Por cierto, era un albergue bastante malo, y encima costaba seis euros. De hecho el piso de abajo, que era un comedor, cocina y tal no estaba mal, pero tanto habitaciones como baño patéticos. Baño cutre, una sola ducha creo, literas triples con poco espacio...
Finalmente conseguí dormirme, y pese a todo estaba muy contento, porque España estaba en la final.
martes, 27 de julio de 2010
Día 1 - San Fermín
Ayer por la noche dormí fatal. El chaval coreano roncaba como un cerdo el tío, y luego se le unió una sinfonía con diferentes tonos y duraciones. Además estaba un poco destemplado. Total, que he dormido un poco a ratos y nada bien.
Al levantarnos hacía frío, y una especie de niebla-sirimiri, y me he puesto el chubasquero y todo.
El trayecto bien, aunque mi compañero el dormilón se baja en prácticamente todas las subidas y bajadas con cierto grado de complicación. Yo un poco mosca con la cadena, pero sin mayor problema según me han dicho, y me había pensado que pinché pero estaba perfecta.
En un paso de agua, me he creído el más listo y el más guay, y he pasado por el agua, y de repente me paro a hacer una foto, y me iba a hacer una pasando, y he pillado verdín y me he caído. Ha estado gracioso, vaya pardillo.

Ha habido algún tramo muy bonito, así boscoso con árboles típicos de aquí, y caminos estrechitos divertidos. También trozos imposibles en los que había que bajarse porque entre el desnivel y las piedras, sumado a las alforjas, hacía que avanzar fuese cosa de titanes.

Hemos parado a desayunar y había como 15 ciclistas, todos mayores, que estaban tomándose platos de huevos fritos, lomo, patatas y eso, con pan y varias botellas de vino. Supongo que ellos ya habían acabado su jornada... (Eran ciclistas no peregrinos eh...).
Luego hemos parado en otro pueblecito, a cambiarme un poco de ropa y tal, y un señor mayor de una casa se ha puesto a hablar con nosotros, y a decirnos quea ver si oímos el chupinazo. Ha estado gracioso.
Total, que hemos llegado a Pamplona, y era eso un escándalo. Todo el mundo vestido con el clásico blanco más pañuelo rojo, y las calles llenísimas. Cada poco bromeaban, me recomendaban por dónde ir, y me ofrecían sidra, calimocho y ron de avituallamiento, no permitiéndome un no como respuesta.
Me he puesto a hablar con un chaval, vacilando con la Real y cosas del Camino, y mientras tanto de repente veo un flash, con una bici cayéndose. Miro, y no era el dormilón, así que hablo un poco más, pasa uno y dice que me rellenen el bidón de calimocho, y al final me despido y me voy. Y resulta que no era el dormilón el de la caída, pero que un borracho le había pedido la bici y se la ha pegado. Yo me descojonaba claro, aunque él estaba enfadadísimo, pero es que no me podía aguantar. Total, que entre gritos de "tendría que haberle matado", "Me vuelvo a Madrid" y similares, hemos salido del todo del barullo y hemos continuado el Camino. Ah, por cierto, nos han hecho fotos con pamplonesas, y una chica nos ha hecho una con su cámara, en plan fotógrafa artística o algo así. La titulará Peregrinos en San Fermín o similares supongo...

Hemos seguido el trayecto, y lo más destacado ha sido el monte del Perdón. Arriba hace un viento tremendo, y hay incluso un parque eólico.

Hemos llegado ya por fin a Puente la Reina, y el albergue es público y está muy bien. Cuatro euros. A ver qué tal duermo. Bueno, hemos cenado un menú del peregrino, viendo un rato el Holanda - Uruguay, y ahora ya a dormir, que yo estoy cansadito...
No sé qué más, si me acuerdo de algo ya iré contando.
Mañana iremos hasta cerca de Logroño, igual Nájera.
Hoy ha sido mítico, entre el San Fermín, con la gente amable, y que yendo por ahí en bici he disfrutado como un enano... En serio, mirando hacia todas partes, como descubriendo un nuevo mundo.
A ver mañana... ¡Y juega España!
Al levantarnos hacía frío, y una especie de niebla-sirimiri, y me he puesto el chubasquero y todo.
El trayecto bien, aunque mi compañero el dormilón se baja en prácticamente todas las subidas y bajadas con cierto grado de complicación. Yo un poco mosca con la cadena, pero sin mayor problema según me han dicho, y me había pensado que pinché pero estaba perfecta.
En un paso de agua, me he creído el más listo y el más guay, y he pasado por el agua, y de repente me paro a hacer una foto, y me iba a hacer una pasando, y he pillado verdín y me he caído. Ha estado gracioso, vaya pardillo.
Ha habido algún tramo muy bonito, así boscoso con árboles típicos de aquí, y caminos estrechitos divertidos. También trozos imposibles en los que había que bajarse porque entre el desnivel y las piedras, sumado a las alforjas, hacía que avanzar fuese cosa de titanes.
Hemos parado a desayunar y había como 15 ciclistas, todos mayores, que estaban tomándose platos de huevos fritos, lomo, patatas y eso, con pan y varias botellas de vino. Supongo que ellos ya habían acabado su jornada... (Eran ciclistas no peregrinos eh...).
Luego hemos parado en otro pueblecito, a cambiarme un poco de ropa y tal, y un señor mayor de una casa se ha puesto a hablar con nosotros, y a decirnos quea ver si oímos el chupinazo. Ha estado gracioso.
Total, que hemos llegado a Pamplona, y era eso un escándalo. Todo el mundo vestido con el clásico blanco más pañuelo rojo, y las calles llenísimas. Cada poco bromeaban, me recomendaban por dónde ir, y me ofrecían sidra, calimocho y ron de avituallamiento, no permitiéndome un no como respuesta.
Me he puesto a hablar con un chaval, vacilando con la Real y cosas del Camino, y mientras tanto de repente veo un flash, con una bici cayéndose. Miro, y no era el dormilón, así que hablo un poco más, pasa uno y dice que me rellenen el bidón de calimocho, y al final me despido y me voy. Y resulta que no era el dormilón el de la caída, pero que un borracho le había pedido la bici y se la ha pegado. Yo me descojonaba claro, aunque él estaba enfadadísimo, pero es que no me podía aguantar. Total, que entre gritos de "tendría que haberle matado", "Me vuelvo a Madrid" y similares, hemos salido del todo del barullo y hemos continuado el Camino. Ah, por cierto, nos han hecho fotos con pamplonesas, y una chica nos ha hecho una con su cámara, en plan fotógrafa artística o algo así. La titulará Peregrinos en San Fermín o similares supongo...
Hemos seguido el trayecto, y lo más destacado ha sido el monte del Perdón. Arriba hace un viento tremendo, y hay incluso un parque eólico.
Hemos llegado ya por fin a Puente la Reina, y el albergue es público y está muy bien. Cuatro euros. A ver qué tal duermo. Bueno, hemos cenado un menú del peregrino, viendo un rato el Holanda - Uruguay, y ahora ya a dormir, que yo estoy cansadito...
No sé qué más, si me acuerdo de algo ya iré contando.
Mañana iremos hasta cerca de Logroño, igual Nájera.
Hoy ha sido mítico, entre el San Fermín, con la gente amable, y que yendo por ahí en bici he disfrutado como un enano... En serio, mirando hacia todas partes, como descubriendo un nuevo mundo.
A ver mañana... ¡Y juega España!
lunes, 26 de julio de 2010
Prólogo - El viaje
Me levanté unas dos horas despúes de haberme dormido, y todavía con prisas de última hora y muchísimo sueño. Poco después, ya estábamos buscando el autobús que nos llevaría a Soria. Estaba preocupado por el tema de las bicis, porque se dice que los conductores no se alegran mucho de verlas. Cuando al fin descubrí nuestro bus, el conductor, efectivamente, dio un resoplido y nos dijo que las bicis lo último, que primero el equipaje. Minutos después, nos decía dónde ponerlo, y el dormilón y yo nos pusimos a ello. Fue difícil, pero encima de unas maletas, y de una caja muy grande que llevaba una bici embalada dentro, conseguimos meterlas, pese a que el conductor estaba un poco nervioso.
El viaje transcurrió sin mucha historia, aunque yo tenía un poco de "miedo" de quedarnos dormidos e ir hasta Logroño, pero en realidad no había por qué temer.
En Soria metimos las bicis mejor, porque había un hueco entero para nosotros, y así no cabía la posibilidad de romper o manchar nada. Bueno, miento, porque una tía decidió que su maleta debía ir ahí apartada del mundo, pero decidimos quitarla sigilosamente. Luego se quejaría de que por qué su maleta estaba ahí, quizá debí dejarla ahí debajo de las bicis, le hubiese gustado más seguro...
De nuevo sin novedad en el viaje, aunque cabe destacar que creo que un pájaro se estrelló contra el autobús.
Ya en Pamplona, teníamos un buen rato que cubrir hasta que saliese el último bus, el que nos llevaría a Roncesvalles. Nos acomodamos en una especie de parque gigante que rodea unas murallas, y fui a comprar comida. Después estuvimos ahí tirados un rato, con el dormilón dormitando, y otro rato después yo me fui a dar una vuelta. La ciudad estaba bastante vacía, al menos por la zona que fui, y sin casi gente por las calles. Supuse que estaba lejos de la zona vieja, pero no sé...
El caso es que al fin llegó la hora del autobús, y aquí el conductor se encargaba de colocar las bicis, y se notaba que tenía experiencia y eso. Me dijo que quitase las alforjas, pero le puse cara de pena y le dije que estaba complicado y al final no hizo falta.

Por fin llegamos a Roncesvalles, tras unas cuantas curvas de herradura, que hubiesen hecho las delicias del Chava, y recogimos las bicis, las montamos, y nos fuimos a preguntar al albergue. Desde ahí nos mandaron a un campamento, por ser ciclistas. El campamento, a escasos metros del albergue, consiste en unos cuantos contenedores de esos como de barco, incluyendo uno para las bicis. No está mal, un poco cutre el baño, pero lo normal... Lo llevan dos chicas y un chico muy jóvenes, creo que son scouts.
Y nada, ya estamos en la cama. El dormilón creo que durmiendo para variar. Hace un poco de frío, aunque hay hasta climatizador aquí... En la habitación hay dos parejas de tíos, ciclistas también. Son más mayores, y la verdad es que me han parecido así como mal preparados por así decirlo. Igual es que como yo ya estuve, hay cosas que para mí son normales y para ellos no... Además, hay otro ciclista, y un chico coreano que estudia economía. Le he oído decírselo a otro por aquí... También le he visto escribir un diario o algo así. Y bueno, nada más por hoy... Mañana empezamos de verdad, no sé hasta dónde haremos, he estado mirando e igual hasta Puente la Reina. Ya veremos. No he podido preguntar por aquí porque los del albergue no entienden ni papa de español...
En fin, eso es todo.
El viaje transcurrió sin mucha historia, aunque yo tenía un poco de "miedo" de quedarnos dormidos e ir hasta Logroño, pero en realidad no había por qué temer.
En Soria metimos las bicis mejor, porque había un hueco entero para nosotros, y así no cabía la posibilidad de romper o manchar nada. Bueno, miento, porque una tía decidió que su maleta debía ir ahí apartada del mundo, pero decidimos quitarla sigilosamente. Luego se quejaría de que por qué su maleta estaba ahí, quizá debí dejarla ahí debajo de las bicis, le hubiese gustado más seguro...
De nuevo sin novedad en el viaje, aunque cabe destacar que creo que un pájaro se estrelló contra el autobús.
Ya en Pamplona, teníamos un buen rato que cubrir hasta que saliese el último bus, el que nos llevaría a Roncesvalles. Nos acomodamos en una especie de parque gigante que rodea unas murallas, y fui a comprar comida. Después estuvimos ahí tirados un rato, con el dormilón dormitando, y otro rato después yo me fui a dar una vuelta. La ciudad estaba bastante vacía, al menos por la zona que fui, y sin casi gente por las calles. Supuse que estaba lejos de la zona vieja, pero no sé...
El caso es que al fin llegó la hora del autobús, y aquí el conductor se encargaba de colocar las bicis, y se notaba que tenía experiencia y eso. Me dijo que quitase las alforjas, pero le puse cara de pena y le dije que estaba complicado y al final no hizo falta.
Por fin llegamos a Roncesvalles, tras unas cuantas curvas de herradura, que hubiesen hecho las delicias del Chava, y recogimos las bicis, las montamos, y nos fuimos a preguntar al albergue. Desde ahí nos mandaron a un campamento, por ser ciclistas. El campamento, a escasos metros del albergue, consiste en unos cuantos contenedores de esos como de barco, incluyendo uno para las bicis. No está mal, un poco cutre el baño, pero lo normal... Lo llevan dos chicas y un chico muy jóvenes, creo que son scouts.
Y nada, ya estamos en la cama. El dormilón creo que durmiendo para variar. Hace un poco de frío, aunque hay hasta climatizador aquí... En la habitación hay dos parejas de tíos, ciclistas también. Son más mayores, y la verdad es que me han parecido así como mal preparados por así decirlo. Igual es que como yo ya estuve, hay cosas que para mí son normales y para ellos no... Además, hay otro ciclista, y un chico coreano que estudia economía. Le he oído decírselo a otro por aquí... También le he visto escribir un diario o algo así. Y bueno, nada más por hoy... Mañana empezamos de verdad, no sé hasta dónde haremos, he estado mirando e igual hasta Puente la Reina. Ya veremos. No he podido preguntar por aquí porque los del albergue no entienden ni papa de español...
En fin, eso es todo.
jueves, 1 de julio de 2010
Es personal
Bueno, la puesta a punto de la bici hecha. Faltan un par de cosas y yo creo que ya todo listo.
No me contestan de Milán. No sé si se han ido de vacaciones o qué, pero es un desastre. Quiero solucionar todo ya, saber dónde voy a vivir y sacar el billete de avión. Así no hay manera.
Mañana día duro, me voy. Divina Comedia. Estoy acabando ya casi...
No me contestan de Milán. No sé si se han ido de vacaciones o qué, pero es un desastre. Quiero solucionar todo ya, saber dónde voy a vivir y sacar el billete de avión. Así no hay manera.
Mañana día duro, me voy. Divina Comedia. Estoy acabando ya casi...
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