Me complace anunciarles, tras muchísimo tiempo (más de un año), una nueva entrada en Los Libros Perdidos. Esta vez se trata de El Manantial de Ayn Rand, otro de los libros que Sawyer lee en la isla, y que es un señor libraco. La verdad es que al principio no era tan especial, pero la segunda parte (en mi edición el segundo tomo) me ha convencido y me ha gustado mucho. Es más, creo que la parte filosófica del libro tiene muchas aplicaciones en la sociedad moderna. No sabría siquiera explicar muy bien lo que Rand transmite, pero hay detalles como el triunfo de los mediocres o el intento de hacernos creer que somos malos si no vivimos para dar, que me han parecido muy interesantes, más allá de la manipulación de la prensa y demás. En fin, una lectura recomendada, pero eso sí, compraros el vuestro que los míos están destrozaditos, pero para el euro que me costó cada tomo no me quejo (es más, me encanta esta edición y me hace ilusión que estén así).
Fuera de eso, estoy todo el día entre Powershell y scripts en el trabajo y Drupal en casa. Hoy me he permitido el lujo de ir a la Feria de la tapa en el Palacio de los Deportes y estaba bastante bien.
Mañana se presenta un largo viernes, veremos.
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jueves, 9 de mayo de 2013
lunes, 6 de mayo de 2013
La una y media
Se pasan las horas del día volando. Tan volando que de nuevo es tarde para volver a levantarse pronto mañana.
Tenía, o más bien, tengo una entrada a medias de Milán, de esas que hacen daño, porque estaba quedando bonita pero la tuve que dejar a medio hacer, y luego entras en el dilema de esperar para publicarla o seguir con otros menesteres. Al final, como se ha quedado ya anacrónica, proseguiremos con nuestras andanzas, y si es que un día vuelvo a sentirme inspirado, y lo que es más importante, con tiempo, volveremos atrás para acabar de dar forma a las aventuras italianas.
Y escribo hoy con el intento de desahogo que viene de Getafe, habiendo naufragado en aquel infame campo contra ese insípido equipo, con unas gradas vacías en un lunes que al final se hizo demasiado largo. Un error garrafal de Markel, que no es el primero ni será el último si sigue jugando, hundió a una Real que veía una vez más un partido con optimismo.
En fin, todavía somos nosotros los que estamos arriba, y podemos permitirnos un empate más, si es que el Valencia consiguiese ganar todo lo que le queda.
El trabajo sigue igual, interesante e intentando aprender y hacer currículum. Veremos en qué acaba todo, pronto saldrá algún cambio seguro. Por otra parte el proyecto de la universidad va a trancas y barrancas, y lo peor es que estoy yo tirando del carro. Espero que quede en una simpática anécdota en un par de meses.
Y El Manantial de Ayn Rand cada vez más interesante. Tengo el segundo tomo, que se cae a pedazos, curtido de viajes de metro y convertido en un Caronte de los sueños.
Tenía, o más bien, tengo una entrada a medias de Milán, de esas que hacen daño, porque estaba quedando bonita pero la tuve que dejar a medio hacer, y luego entras en el dilema de esperar para publicarla o seguir con otros menesteres. Al final, como se ha quedado ya anacrónica, proseguiremos con nuestras andanzas, y si es que un día vuelvo a sentirme inspirado, y lo que es más importante, con tiempo, volveremos atrás para acabar de dar forma a las aventuras italianas.
Y escribo hoy con el intento de desahogo que viene de Getafe, habiendo naufragado en aquel infame campo contra ese insípido equipo, con unas gradas vacías en un lunes que al final se hizo demasiado largo. Un error garrafal de Markel, que no es el primero ni será el último si sigue jugando, hundió a una Real que veía una vez más un partido con optimismo.
En fin, todavía somos nosotros los que estamos arriba, y podemos permitirnos un empate más, si es que el Valencia consiguiese ganar todo lo que le queda.
El trabajo sigue igual, interesante e intentando aprender y hacer currículum. Veremos en qué acaba todo, pronto saldrá algún cambio seguro. Por otra parte el proyecto de la universidad va a trancas y barrancas, y lo peor es que estoy yo tirando del carro. Espero que quede en una simpática anécdota en un par de meses.
Y El Manantial de Ayn Rand cada vez más interesante. Tengo el segundo tomo, que se cae a pedazos, curtido de viajes de metro y convertido en un Caronte de los sueños.
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