El mar. Creo que no hay nada tan misterioso como el mar. Tan poderoso, temible, precioso. Nada que despierte tantos sentimientos, que te cree tal nostalgia, que te provoque esa atracción enigmática.
Y es que yo necesito verlo cada cierto tiempo. Al menos un ratito, llegar, olerlo, escucharlo, ver la furia de las olas, bajar a la desgastada costa y tocar con la mano su fría agua con espuma.
Hoy en Biarritz el mar mostraba su enfado, le echaba un órdago a la tierra en su particular batalla de la erosión, asustaba a propios y extraños con su fuerza y sus salpicaduras y, en definitiva, se aliaba con el viento para provocar una preciosa imagen costera.
Mañana dejaremos el mar atrás de nuevo, como siempre, despidiéndonos de la ciudad más bonita del mundo desde Urgull. San Sebastián nunca decepciona, no puede hacerlo teniendo la mejor vista del mundo ni todo el resto de atractivos que la convierten en tan especial. Así he intentado mostrárselo a la segunda australiana.
Subiría fotos, pero eso hasta que Australia lo decida...
¡Agur!
1 comentario:
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