martes, 29 de septiembre de 2009

Girls just wanna have fun

Viernes. "¿Haré lo que pueda? Los fracasados siempre alegan haber hecho lo que han podido. Los ganadores se van a casa y follan con la reina del baile." (La Roca)

El día comenzó temprano. Apenas había terminado el jueves, cuando el viernes se presentó frío y nervioso. Me levanté soñoliento y cansado, y me preparé para recoger el saco de dormir de un amigo, que por olvido no había recogido antes. Quedaban muchas horas de conducción por delante, así que a la vuelta desayuné, ultimé los preparativos y descansé un poco. Finalmente, con la maleta en una mano, el saco encima de ésta, y la tienda de campaña de tortuga ninja en la otra, me dirigí hacia el siempre fiel ZX, que tendría que transportarnos hasta la costa Este. Ya al volante, tardé unos 10 minutos en llegar al punto de encuentro del heleno y de Wiggins, que estaba a escasas 3 manzanas, pero que fueron toda una odisea. Y allí estaban, a la salida de la boca de metro, aguantando miradas indiscretas y esperando a que llegase. Cargamos como pudimos, se situaron en las plazas libres del coche, y partimos hacia nuestro destino, con Peñúscula '09 introduciéndose en la radio.

Y no pudo empezar mejor la cosa. El azar, la suerte, o el destino, llámenlo como quieran, hizo que la primera canción del mix fuese New York, New York de Frank Sinatra. Así que, de manera triunfal, por las calles de Madrid, el ZX se deslizó majestuosamente, abriendo el viaje de Peñúscula '09.

El viaje no estuvo mal. El sol pegaba de cara, pero las RayBan lo solucionaban. Las ruedas estaban sucias, pero las líneas esas que suenan las limpiaban. El aburrimiento intentaba asomar, pero las canciones a grito pelado lo evitaban. Hicimos unas cuantas performances de las buenas, y fuimos sin parar comiendo kilómetros a la carretera, contando historias, hablando de clases, faldas o filosofía, y siempre con la vista en nuestro destino.

Sin demasiados problemas, y sólo parando para que el ZX comiese, llegamos hasta muy cerca de Peñíscola. Ya pegados al mar, y por carreteras lentas y con badenes, cruzamos poblaciones como Benicarló, y acabamos llegando al campamento que teníamos pensado, que nos convenció del todo viendo su localización, al lado de la playa y bien metido en el pueblo. Nos tomaron nota, y nos dieron a elegir entre varias parcelas, en lo que no tardamos mucho, porque a Cavendish siempre le gusta lo primero que ve, aunque le convencimos de que al menos fuese la segunda. Así que salimos, y volvimos a entrar ya con el ZX, que fue metido en la cama hasta nuevo aviso.

Llegó la hora de montar las tiendas. Los expertos como Gazpacho y yo la montamos en un santiamén, incluídos unos vientos que cortarían perritos o gente que cayese encima. Sin embargo, McEwen tardó un buen rato, porque entre otras cosas se dedicó a meter piedras en tubitos, y tonterías semejantes. Algún tiempo más tarde, ataviados con el equipaje oficial del deporte rey en Peñíscola, Extreme Palas, fuimos hacia mi tan querido mar, que aunque no es mi Cantábrico del alma, sigue haciéndome soñar tan sólo con su sonido. Pero antes, necesariamente, hicimos una parada para comprar guarrerías de comida, que devoramos mirando el Mare Nostrum, bajo la vigilancia de un pipa con chaleco reflectante. Instantes después, introdujimos nuestros pies en la playa de NO piedras, y decidimos dar un paseo por la orilla del mar, para visionar un poco la zona, e irnos familiarizando tanto con el Mediterráneo, como con la población y sus gentes. Llegamos al extremo final, a los pies de la fortaleza, habiendo pasado por cerca de chavalas a las que Pantalones de pijama no se atrevió a decir nada, y allí decidimos darnos nuestro primer bañito de la temporada. Entramos corriendo saltando las olas, e hicimos un poco el chorra, como partir narices o hacer pseudo-carreras. Tras el baño refrescante, volvimos hacia nuestra posición, de nuevo con Sandwich de Nocilla cagándose, y al llegar a nuestro punto de origen, extendimos nuestras toallas, y, al menos yo, por fin sentí que verdaderamente ya había merecido la pena ir hasta allí.

Yo, tumbado sobre mi toalla, y escuchando rugir al mar de fondo, con mis aviator de playa puestas, me dormí, al menos a ratos, disfrutando de la buena vida. Mientras tanto, Cancellara y el heleno jugaban a lo que sería el inicio de las Extreme Palas. Al cabo de un tiempo desperté, hice una sesión de fotos, y me introduje en el juego, primeramente con mis aviator, para después tener que quitármelas cuando se vio claramente que yo era el mejor jugador de Extreme Palas de toda la Comunidad Valenciana, y que peleaba cada bola hasta el fin.

Más tarde, el malulo y yo estuvimos cogiendo olas, que si bien no son comparables con las norteñas, nos dieron un buen rato de diversión. Mi depurada técnica desde pequeño de las rachas de tres olas me daba buen resultado hasta que perdí el toque, y a partir de ahí deleitamos a la afición con cogidas de espaldas, o cualquier cosa que se nos ocurriese. Cuando creímos que Cance se aburriría, nos despedimos por ese día del mar, y nos acercamos a la orilla cansados y saciados de olas.

Si no recuerdo mal, aquí fuimos a hacer nuestras necesarias compras. Unos necesitaban ir a la farmacia, aunque no por lo que les venía encima, y otros queríamos productos de la madre Rusia. Finalmente nos aprovisionamos de cena, medicinas y bebidas lujuriosas, que pudimos degustar a la entrada de nuestras tiendas. Por ahí hubo una buena butifarra catalana, que me gustaría destacar, un "igual no me compro un gazpacho", y luego entró en acción mi gran amigo Koranov. De Koranov existen muchas historias. Unos cuentan que fue un mítico general de la Segunda Guerra Mundial, de las brigadas aéreas, y que derribó a no menos de 30 bombarderos, y además, otro día, a 13 cazas. Otros afirman que su verdadera historia es que se trata de una poderosa familia de la Rusia siberiana, que amasaba una gran fortuna, y que un día un hijo de Vladimir y Andreija, quiso tener la mejor bebida de toda Siberia, y de ahí nació el vodka. Yo, sin más, creo que es un personaje a destacar en la vida de cualquier persona que pase por Peñíscola, que beber un trago de su elixir provoca la buena suerte, aroma natural irresistible, gracejo con el sexo opuesto y además de todo eso, te otorga la capacidad de hablar en diversos idiomas desconocidos. El caso es que con hielos y limón formamos un buen equipo, y avanzamos la noche hablando de fruslerías, políticas y las recurrentes faldas, para acabar abandonando el campamento en manos de nuestros vecinos los cangrejos, y caminando por el paseo marítimo en busca de los locales de moda que nos habían comentado los veteranos del lugar.

El Mondarinas Club Night no convenció a ricos ni pobres. Aún así, eché un vistazo, y era un local más bien Chill Out, bastante vacío, con gente de diversas edades predominando las que dejan dinero. El suizo estaba bastante en desacuerdo con el lugar, así que pasamos la primera fiesta que teníamos apuntada en la agenda, y nos dirigimos hacia el Castillo. Allí, a los pies del comienzo del desnivel, un hombrecillo nos ofreció chupitos, porque a mí me gustaban los chupitos, pero cuando íbamos a acceder a ir al lugar, se creció y nos dijo algo sobre una consumición que no me gustó en absoluto, así que le dejamos a él, sus chupitos, y su p*** madre con su propaganda de mierda. Seguimos caminando hacia los locales de moda, ya dentro del recinto amurallado (o eso creo), y descubrimos un par de terrazuelas juntas, donde servían batidos, cócteles, y bebidas semejantes con ricos coloridos y que pudiesen haber parecido de gayers en otras circunstancias. Aún así seguimos echando un vistazo, o puede que simplemente siguiésemos a un grupo de atractivas mozuelas, cuando lo siguiente que recuerdo es que Pierluigi Querubino estaba preguntando a las mozas, que resultaron ser londinenses, que por dónde estaba la fiesta, y que qué nos recomendaban de la zona. Pero Moncutie se acercó gritando, He is a lyer, he is a lyer! y las chicas se disolvieron cual aspirina en un vaso de agua. Total, que seguimos mirando cuesta arriba, mirando sitios, buscando los nombres que sabíamos, e incluso recurrimos a un joven que era experto en el lugar, y que nos indicó muchos sitios, pero siempre como diciéndonos que estábamos fuera de temporada. Piero Luiyo hizo buenas migas, e incluso creo que le gustaba y quería llegar a más, pero el pobre chaval debió olérselo y se libró como pudo del coñazo que le estaba dando Luiyo, dejándonos solos ante el peligro. No sé a quién se le ocurrió, seguramente a mí no, pero volvimos a los sitios de los cócteles donde se habían ido las chicas de Londres. Y allí estaban, pero nosotros ni las miramos, y nos sentamos en una mesa de la terraza, pedimos Agua de Valencia, recomendada por los ángeles de los sueños de Moncutie, y charlamos de varias cosas, antes de que la inspiración divina llegase a mi privilegiada mente.

Llegado el momento, cuando decidíamos qué hacer con Londres people, se me ocurrió. La idea puede ser más o menos de otros sitios otros lugares oltras ligas otros deportes, pero la mejora y sublimación de ese arte corrió de mi cuenta. Le dije al heleno que se levantase, fuese a su mesa y les dijese, "¿Qué tal se está allí?", las mirase a todas durante unos dos segundos, y se fuese. Más tarde, debía volver y decirles, "Porque sois ángeles"... Puede que incluyese un me refiero por ahí... Y comenzamos a discutir sobre esto. Moncutie estaba muy de acuerdo, pero el heleno se resistía al destino, y no quería y no se atrevía. Pero la fuerza del destino fue demasiado grande, y en un momento de bravuconería, locura y sensatez, se levantó, y se acercó a ellas, y les soltó la frase de qué tal se está up there... (Or something like that)... Aquello se convirtió en un gallinero, mientras Cance y yo hablábamos de hablar, sin mirarlas para no romperlo. A mí me pareció poco tiempo, cuando el heleno volvió y les dijo algo que despertó un "Ooooooooooh! That's so nice!", seguido de una invitación para sentarnos con ellas...

Y allí que fuimos, sin saber a lo que nos enfrentábamos, entre cuatro mujeres londinesas con acento británico. Nos comentaron que eran de Londres, que habían ido allí porque era barato (seguro que sólo por eso), y cosas del estilo que ahora mismo no recuerdo. Les dijimos que su acento era bastante difícil de entender, que el acento británico comparado con el americano típico de series como Lost era más fácil. También les contamos más o menos nuestra historia de cómo habíamos acabado allí, y por mi parte recuerdo que dije que era el destiny, que provocó que algunas afirmaran que estaba claro que veía Lost. Hablamos de muchas cosas y probablemente no me enteré de muchas otras, pero la cosa discurrió entre música, Beatles, Agua de Valencia, Bradley Wiggins, yo me llamo JJJaime, Cazzzrin, que si hace frío, Queen, que si me río de cómo dices tal, yo hablo un poquito español, The Killers y tantas cosas que se me olvidarán. Finalmente, nos levantamos de la terraza en un ambiente ya muy agradable, y fuimos en búsqueda de algún local de moda. Ascendimos la pendiente, y un grupo de chavales negros nos recomendaron un sitio, pero fue porque uno era el dueño o algo así, según nos aclaró otro. Hicimos muestras de respect, y choques que nos enseñaban, y fuimos al lugar que nos habían dicho, que estaba bastante aceptable dicho sea de paso.

Allí comenzó el espectáculo nunca visto. Mientras el de las sardinas picopaleaba con Helena de Troya, Wiggins y yo mostrábamos artes nunca vistas para deleite de propios y extraños. Todos los registros eran buenos, los movimientos eran síncronos, bellos, estilosos. Las chavalas miraban incrédulas, se asombraban y se reían ante lo que, según afirmaban, ellas no eran capaces de imitar. Todo salía, y algunos lo intentaban, pero la hipnosis que habíamos creado provocaba la vuelta al redil. La noche pasaba extrañamente en una imposible mezcla de rauda lentitud, y pasaron mil cosas en un breve intervalo de tiempo. Recuerdo que el amigo heleno arrojó cosas a las aguas residuales, que tuvo que recoger para dar más tarde buen uso de ellas. Recuerdo también alguno que se unió ligeramente a los bailes. Recuerdo licores de patata, y conversaciones sobre Papillon de Editors, Kids de MGMT... Y me recuerdan que Valentino trataba de hacer buenas migas conmigo. Finalmente, el garito cerraba, pero yo acabé de cerrarlo en un ingenioso movimiento tarareando a las invitadas Kids, que siguieron de manera frenética y emocionadas.

Salimos del barobar, que así se llamaba creo, y nos dirigimos hacia la muerte. Aquí llegó el momento debacle, cuando un personaje que había por allí preguntó a la cigüeña que cómo se llamaba. Evidentemente, las normas no escritas siempre han dicho que eso es trampa, y el susodicho no se acordó. Lástima por el pobre chaval. Poco más tarde, para acabar del todo con la situación, ya dentro del nuevo y último garito, un mejicano trató de acabar con nuestras vidas. En ese momento, alguno de los del grupo decidió hacer una visita turística a los mejores rincones llenos de escaleras del pueblo, llegando a inhóspitos lugares que el hombre no pisaba tiempo atrás. Pero como el destino nos llevaba guiando desde la mañana, acabamos bajando tanto londinesas como spaniards por las calles de Peñúscula en busca de alguna manera de volver a casa. Eso sí, alguno tenía todavía ganas de fiesta, y corrió escaleras arriba y abajo con la excusa de ir a coger jackets.

Los helenos ya se habían unido, y Wiggins se encargaba ya de distraer a las otras mozuelas, mientras yo quedaba rezagado pensando en la eternidad de los instantes. Y en uno de ellos, lo vi claro, y en una escena de acción y evasión digna del mismísimo Steve McQueen, me arrojé metros abajo hasta la arena, voltereta lateral que muchos ya conocen, y carrera a lo Michael Johnson hasta el agua, con el añadido de ir quitando prendas del cuerpo, hasta finalmente llegar en calzones al agua. Con un sprint digno de Cipollini, Cance ya estaba siguiendo la maravillosa escena, aunque este cumplió su promesa y lo hizo como Dios le trajo al mundo. Y finalmente la pareja griega también se bañó bajo la luna, y dos de las londinesas también más o menos.

A partir de aquí, mis recuerdos se quedan entre rajadas monumentales por no permitirme ir en calzones hasta mi casa, taxis, mensajes de móvil, consejos, duchas a las 5 de la mañana, equivocaciones de sacos y, sobre todo, una gran felicidad debido a una enorme noche. Una vez, Michael Jordan dijo, "Mucha gente quiere que pase, algunos desean que pase, otros hacen que pase.". Pues eso.

6 comentarios:

Gazpacho dijo...

Simplemente magnífico. No quería que acabase. Igual no lo leo otra vez...

Andriy McJordan dijo...

Añadido pequeño detalle que me acordé ayer en la cama, y que me has recordado en el comentario. "Igual no me compro un gazpacho..."

hoyos dijo...

Vaya parrafada. Voy a por el pan y la leo.
Este domingo no pude conseguirte la taza de los beatles.

Cance dijo...

Os quiero, que lo sepáis.

Andriy McJordan dijo...

Al final sólo voy a tener dos tazas de los Beatles! Tranqui, no pasa nada...

Lo de la parrafada ya lo sé, y no me gusta, pero bueno... Pensé en dividirlo en dos, quizá debería haberlo hecho, pero lo hecho, hecho está.

Próximamente nueva entrega... A ver de qué me acuerdo...

Andriy McJordan dijo...

Ah, y gracias Gazpacho y Cance... ;)