domingo, 12 de julio de 2009

Las actitudes son más importantes que las aptitudes. (Churchill)

Cuarta etapa. "Me gusta mi pierna, está conmigo desde que era un niño." (House)

Serían las seis de la mañana aproximadamente cuando abandonábamos Ferreiros, aquel pequeño pueblo con encanto, dirección Portomarín, donde nuevamente nos abasteceríamos. Nada más salir de Ferreiros, ante una cuesta abajo de alarmante pendiente, formamos ya el grupetto Cipollini, puesto que mis rodillas prácticamente iban a explotar, especialmente, mi pierna derecha, la de la frase. Llegué incluso a bajar tramos de la cuesta hacia atrás, para minimizar el dolor, que siempre al comenzar a caminar era más fuerte. Y así, sufriendo y entre mofas, comenzamos el caminar del cuarto día.

Esta etapa fue, probablemente, y en mi opinión, la más divertida. Siempre escudado de Soixante-Quatre y MacCuak, al inicio también contamos con El Ciclista Segoviano en el grupo. Fue el día de las canciones. MacBunbury iba siempre dando con la voz cantante, y yo hacía principalmente los coros, con alguna colaboración de El Ciclista Segoviano, que ya empezaba a tener serios dolores por cierto. Y así fuimos gran parte del camino, entre Quique González, Mikel Erentxun, y muchos clásicos para que todos pudiésemos cantar. Especialmente memorable la interpretación de My Way, en voces de tenor, a todo pulmón, que quedó de lujo, y tras la cual MacFrank y yo hicimos un choque de manos en muestra de respeto mutuo.

También hubo situaciones muy graciosas, como cuando a medias de una canción veíamos a alguien, y nos daba vergüenza seguir cantando pero el uno fastidiaba al otro y seguía para que el otro también tuviese que hacerlo, y así acabábamos teniendo que cantar delante de la gente. Recuerdo especialmente el temazo ¿Quién se acuerda de ti? de Mikel ante unas señoras, que nos dijeron que cantábamos muy bien. También debo mencionar que cantamos tras unas chicas, Libre si no me falla la memoria, y que lo hicimos con cierta destreza y en un tono bastante alto. Posteriormente, al pasarlas, nos gritaban que por qué ahora no cantábamos.



Esto de las canciones creo que fue a lo largo de toda la etapa, no sabría ubicar cada situación. Lo que sí sé es que llegamos a Portomarín, un precioso pueblo a orillas del río Miño. Allí coincidimos con los catalanes macho (los hombres), a los que por cierto habíamos "quitado el sitio" en el albergue de Ferreiros, y les desafiamos para el siguiente. Lo cierto es que aquí nos adelantarían, ya que fuimos a coger provisiones al supermercado, donde por cierto nos trataron bastante bien. Tras ello, yo quise ir tirando, puesto que prefería sin duda seguir nuestro buen ritmo y no realizar paradas innecesarias. Así que Mac, 64 y yo nos adelantamos en busca de Ligonde, donde teníamos pensado pasar noche.





Atravesamos un estrecho puente, desde donde pudimos realizar alguna bonita foto, y continuamos nuestro camino en un pequeño ascenso. Aderezamos el camino con historias de MacBiciclista, que nos contaba dónde se había perdido en su aventura de caminero-ciclista, y dónde había parado y encontrado a dos joyas de la Naturaleza. Pintamos una flecha en el suelo en un lugar que no estaba demasiado claro por dónde seguir, y amenicé un poco el viaje con sonidos de mi móvil, como el repetido "No no no no... ¡¡¡NO NO QUE NO QUE NO!!!" de Luis Aragonés, o el tono de The Office que puso los pelos de punta a MacDwight. También cantamos bien alto la canción del anuncio de Renault de "Y una maratoooooon", escuchamos a Poli decir "no ha sido gol pues porque no ha sido gol" y algunas otras perlas más.

En algún punto del camino nos adelantaron Rubens Barrichello acompañado por El Ciclista Segoviano, que misteriosamente había adquirido unas fuerzas renovadas. Nosotros tres seguimos a lo nuestro en nuestro grupeto Cipollini, y nos cruzamos con los catalanes nuevamente, que habían parado a tomar algo y nos gritaban que nos invitaban a un café, o a cualquier cosa con tal de retrasarnos. Yo en particular iba cansado, pero no mucho, y me sentía con capacidad para hacer mil kilómetros, seguramente era el día que mejor iba. Es contradictorio ya que mi pierna no estaba bien, pero la sensación era de poder seguir eternamente.

Y hubo hasta momentos que no tenía nada de dolor ni cansancio. ¿A qué se debía? A que sin duda vivimos uno de los high-lights del Camino de Santiago, probablemente el rato que más me reí. Caminábamos ya casi llegando a Ligonde, cuando MacMoradorDeLasArenas recibió una llamada, que le comunicó que la avanzadilla ya nos esperaba en el albergue. Entonces Mac preguntó que cuánto nos quedaba, y al escuchar que quedaban dos kilómetros, se puso a realizar sonidos guturales en estado de shock, durante no menos de un minuto. 64 de la risa se metía en medio de la carretera, donde podía haber sido fácilmente atropellado, lo que provocaba que los gritos siguiesen, a los que yo sumaba de vez en cuando mi Chewbacca. Ya sin dolor, segundos después de haber colgado, un taxi se paró a nuestra vera, y para sorpresa e incredulidad nuestra, bajó la ventanilla y nos dijo probablemente lo último que hubiésemos esperado escuchar. Nos dijo, oye, que acabo de dejar ahí a tres asturianas, corred que las cogéis, y decidles algo... Tras pregunta nuestra nos dijo que iban con pantalones de esos cortitos, y ni cortos ni perezosos, seguimos caminando con nuevos objetivos.

Y allí que encontramos a tres chavalas, con la descripción dada, y MacAramisFuster les dijo que por el color de las esterillas debían ser asturianas. La cosa no dio mucho juego, así que seguimos caminando, y observamos un albergue cerrado con un cartel, con lo que dedujimos que los tête de la course estaban en otro, como creíamos. Entramos por si acaso a preguntar en un bar, donde MacBromas hizo reír a la camarera, por ejemplo cuando le dijo que nos quedaban 500 metros y éste dijo que si eran metros europeos (o algo así). Finalmente llegamos al albergue de Ligonde-Eirexe, donde cogimos sitio y nos duchamos.

Como de costumbre, fui a comer con 64. El menú de ese día consistió en ensalada mixta de primero, gigantesca, y de segundo me apetecieron huevos fritos con patatas y chorizo creo. De postre pedí flan de chocolate, aunque tengo dudas de si fue este día o el siguiente. El camarero muy amable también, y como salí contento del sitio me sellé la credencial para dejar constancia en mi memoria. Era domingo, y pregunté para ir a misa, pero desgraciadamente por la tarde no había, así que tuve que faltar ese día. Tras la comida nos tiramos en el prado unos cuantos, donde todos o casi todos pudimos dormitar un rato, entre verdes pastos y gallinas.

Luego fuimos a ver la final de Wimbledon, donde mi querido Andy Roddick casi consigue batir a Federer en un partido emocionante, pero con triste final. A nuestro lado, se sentaron durante el partido dos simpatizantes de A-Rod, y posteriormente un extranjero que animaba a Federer, gritando CADA punto que éste ganaba, "¡FAN-TAS-TIS-COOO!". Luego nos pedimos una pizza que estaba excelente, mientras en partido acababa, y después fuimos a dialogar sobre la etapa del día siguiente, que tenía su miga, como luego se demostró.

Y así fue muriendo el día, que había sido divertidísimo. Aún hubo tiempo para que un chaval molestase un poco en una litera cercana, pero ese día no dormí mal. El día siguiente nos levantaríamos pronto, para poder avanzar ya hacia nuestro ansiado destino, Santiago de Compostela.

4 comentarios:

64 dijo...

mac Morador de las arenas!!!!

Andriy McJordan dijo...

¡HA! ¡Classic!

MacAustriaco dijo...

Creo que según pasan las etapas te vas superando a ti mismo Jack.
Las asturianas, como luego se demostró, eran un poco tontitas.

Andriy McJordan dijo...

Gracias... Me halagas...