lunes, 21 de octubre de 2013

Esto no lo publiqué en su día...

Y allí llegamos. De nuevo en Malpensa. El aeropuerto con aquellas palabras marcadas en el suelo Tutti i passi che ho fatto nella mia vita mi hanno portato qui, ora. El lugar donde no negociar el autobús que te lleve a la estación Centrale porque todos cuestan lo mismo, y simplemente hay que preguntar "Quando esce?".
Y el autobús, corriendo como nunca, corriendo como siempre, cumpliendo sus horarios whatever it takes. Y las calles que te empiezan a sonar, los coches aparcados de formas extrañas, las tiendas que te parecen tan características, los tranvías.
En Centrale nos esperaba nuestra anfitriona, que nos trato con lujo y cariño, y que quizá me recordaba con demasiado cariño. Nos llevó a casa en uno de los autobuses Circolare, que yo sólo usaba para volver de fiesta, apelotonado, tras salir de Alcatraz con más hambre que sueño, y más sueño que habla. La casa estaba muy bien, y además la zona me gustó, vistas a un parque, a los rascacielos en eterna construcción y a calles anónimas con todas las características de Milano.

Skyline de la noche de Milano



A la mañana siguiente teníamos el desayuno preparado por mi amiga, que se había ido a una revisión de proyecto. Para agradecerlo nos lo comimos copiosamente, y salimos a las calles milanesas dispuestos a comprar lo necesario para ir a la atracción principal de la Semana del Diseño, los eventos de Rho Fiera. Así que nos hicimos con unos billetes para el transporte público en un quiosco, donde al final me medio hablaban en español porque tenían conexión con Santander. Y tras conseguir el cómo ir, nos concentramos en el comer, y compramos unas focaccias y pizzas en un sitio cercano, donde nos atendieron muy bien. Sorprendido todavía por lo bien que me había desenvuelto con mi italiano, nos encaminamos al metro y salimos en Rho Fiera, con controles de billetes incluidos, y una muchedumbre acercándose a las puertas, taquillas, autobuses gratuitos que te llevaban a las distintas áreas...
Australia quería ir a la zona de los jóvenes diseñadores, y allí que fuimos. Con mi nulo conocimiento de artes y diseño, me gustaron algunas cosas, como un "perchero" que se podía cambiar de forma y ocupaba muy poco espacio, pero al final acababa cansadísimo de estar de pie y esperaba en algún sitio sentado, donde poder degustar mi pizza, o tomar el primer capuccino del viaje.


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