lunes, 16 de septiembre de 2013

Mi viejo ZX

No sé cuánto llevabas aquí, pero sé que el día que me saqué el carnet, tras llegar a casa feliz y orgulloso, mi hermano mayor, tu dueño, me dio la copia de tus llaves y me dijo que podía usarte siempre que quisiera.

Y nos fuimos a Salamanca, con la tremenda lluvia cayendo, mientras oscurecía. Volviendo de allí nos topamos con aquel cenutrio que se metió en nuestro carril y que esquivamos de aquella impresionante manera que todos mis amigos recuerdan. Fuimos a Daganzo en más de una ocasión, a veces para sorprender brutalmente a mis amigos.

Aprendí a conducir, siempre ahorrando combustible, aprovechando tu mítica tercera.

También mítico fue el viaje a Peñíscola, sonando New York New York, surcando la carretera, dejándote dormir en el camping y abrazándote antes de dormir. Escapamos de las inundaciones, del sol en la cara cubierto por mis Aviator, del sueño.

Te llevé a visitar Andalucía, nos pusieron una multa injusta y estúpida, aparcaste con Klinsmann en un garaje insospechado con una plataforma elevadora en la que cabías por milímetros. También te encontré un sitio perfecto y gratis en Córdoba, y nos perdimos con y sin GPS. Volvimos sin cuentakilómetros. No nos engañemos, no hacía falta, nos conocíamos al milímetro.

Y a Gijón, no sé si te acuerdas, cuando subimos por aquella carretera de montaña buscando un sitio para parar y comer sin encontrarlo en kilómetros. Sí, fue cuando visitamos la feria de la sidra y no pude probar ni gota para poder llevarte de vuelta a casa y dimos el 0,0 en el control.

Toledo, Segovia, por supuesto San Sebastián o Logroño... Siempre contigo.

No sabes cómo siento haber dejado que te fueras. Sé que parece una tontería, pero si yo estoy así de mal ni me imagino cómo está tu viejo dueño. Gracias por todo y lo siento en el alma. Seré un estúpido pero no sabes cómo me arrepiento.

Hasta siempre crack. Al final siempre fuiste fiel. Gracias por las memorias.