Fin de semana de sangría y pájaros que se lo beben todo, de noches alegres y mañanas tristes. De derrotas en baloncesto y robos en fútbol. De comenzar a leer al maestro Dostoievsky de nuevo y ser incapaz de repetir las gestas de Michael Jordan disfrazado de Dios.
Y así, mientras un árbitro perpetraba un robo por el que no será castigado (es uno de los preferidos de algunos), mi tobillo sigue quejándose y la semana comienza de nuevo.
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