lunes, 12 de octubre de 2009

Realmente grande

El marco era inmejorable. Una ciudad de ensueño, una compañía de lujo, y el mejor equipo del mundo. El campo estaba precioso. Había llovido poco antes, y el césped estaba rápido, deseoso de ver un buen partido. Los sitios magníficos, se veía muy bien. Mi camiseta de los años 80, de López Ufarte, luciendo orgullosa. La alineación de la Real, el himno del centenario, y el balón a rodar. Como digo, un marco inmejorable.

¡Qué baño! ¡Qué bien estaba jugando la Real! La primera parte estaba siendo dominada por completo. El árbitro pitaba faltitas injustas, e incluso se inventaba amarillas, pero aún así el “chorreo” era insólito. Y llegó el gol de la Real. Pero cómo no, el árbitro, quién si no, ahí estaba para intentar amargarme la fiesta, el “puente”, y la semana entera. Anulado. El público, la afición, explotó. Pitada tremenda. Abucheos. Insultos. Yo, además de mi recurrente “¡Fuera!”, eché mano de los clásicos “¡Mamón, ¡Sinvergüenza! Y ¡Desgraciao!”. Arbitraje espeluznante.

Pero seguíamos ahí, acosando, presionando. Xabi Prieto era el director de la orquesta. Éste va sobrado. Las ganaba todas por alto en los saques largos. Pero, además, formó con Zurutuza (¡Zuru, Zuru, Zuru…!) una sociedad de jugones magnífica. Sin perder el balón y creando peligro, tocando entre los dos y haciendo “porritas”, nos hacían pensar que el 1-0 no estaba lejos.

Y luego el jefe Toro Blanco, Dieguito Rivas, robando balones e incluso asistiendo a Aguirretxe en un mano a mano que Imanol falló para desesperación de la familia txuri-urdin, que veía como con un buen juego nos íbamos a ir a la segunda parte sin ventaja. A Diego Rivas le debió sentar bien la comida del sábado, comió a mi lado, y con su hijo vestido de la Real con la camiseta del centenario. Un crack.

Los peores presagios de habían cumplido. El descanso y el marcador seguía con el 0-0. El gran partido de Xabi, de Zuru, de Diego, no había servido para adelantarse en el marcador.

¡Ay, qué miedo! La segunda parte no comenzaba bien. ¡No! ¡Horror! Gol del Salamanca. Labaka muy mal, y gol tras un centro. ¡Pero no! El linier lo anula. El mismo linier que nos había robado múltiples ocasiones. ¿Culpabilidad? ¿Simplemente que era muy malo? Vamos chavales, a marcar antes de que nos den otro susto.

Y ahí está Prietinho. Se va por la banda, y le hacen falta al borde del área. Dani Estrada está listo y entiende a Prieto, que saca rápido al hueco, éste centra y… ¡GOOOOOOOL! ¡GOOOOOOOL! ¡Gol de la Real! ¡Griezmann! A este chico todo le sale bien. Gol de Antoine… ¡Vive la France! Abrazo a mi padre, choco con mis hermanos. Mi padre en el éxtasis tira coca-cola por ahí. ¡Grande Real!

Pero seguimos con el balón, y en otra jugada por la derecha… ¡GOOOOOOOL! ¡Otro gol en menos de cinco minutos! Espectacular, ¡Qué gozada! Gol de Ansotegi. ¡Grande Ion! 2-0, y jugando bien. Un sueño.

Todavía quedaba mucho. La Real se echa un poco atrás, y el Salamanca intenta hacer algo. Los cambios se suceden, pero tampoco hay excesivo sufrimiento. Un mal despeje de Riesgo a un tiro lejano dispara el cagómetro, pero Diego Rivas, el titán rubio, roba todos los balones que le pasan cerca. En una jugada ya es exagerado, y tras hacer un robo espectacular, la Real la vuelve a perder, ¡pero Rivas roba de cabeza otra vez! Le grito “¡Vamos chico!” y la gente al oírme le grita cosas parecidas. La motivación es tremenda. Cambios en la Real también. Zuru se va cansado, Aguirretxe se va sin marcar, y el chaval Griezmann se marcha habiendo demostrado su buena estrella en muchas jugadas (Increíble una especie de rechace que se convierte en un peligrosísimo pase al hueco a Prieto). Entran Charlie Good, Nsue y Markel. No demuestran nada, Bueno pelea bien y baja un gran balón, pero ahí se queda la cosa. Los últimos minutos, una gozada para la afición blanquiazul. Aplausos, gritos de ánimo, incluso los chavales se divierten con la ola. Ovación tremenda en el campo en las anticipaciones de los realistas. Hasta Mikel González se atreve, y sube la banda haciendo un buen regate. Fiesta tremenda en Anoeta. ¡Somos líderes! Qué grande es el fútbol.

Acaba el partido. Me quedo dos minutos, si no más, aplaudiendo a mis jugadores, a mis ídolos. De pie, aplaudiendo a rabiar, feliz. Se despiden de la afición devolviendo los aplausos. Miradas cómplices con mis hermanos, con mi padre. Salimos con la sonrisa en la boca.

El fútbol es increíble. Y la Real es lo más grande. Te hacen llorar, te hacen reír… Eres feliz, te sientes desgraciado. Yo, mientras volvía recorriendo las bellas calles de San Sebastián, hacía lo que siempre hago. Yo doy las gracias a Dios por ser de la Real. ¡Gracias!

No hay comentarios: