miércoles, 15 de julio de 2009

Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad. (Gladiator)

Séptima etapa.
"Un amigo es la persona que nos muestra el rumbo y recorre con nosotros una parte del camino." (Francisco Alberoni)
"No vale la pena llegar a la meta si uno no goza del viaje." (Roger Martínez González)
"Juégatela un poco, valiente." (Quique González)

Nos levantamos tempranísimo, a las cinco de la mañana si no estoy equivocado. Eran pocos kilómetros, pero la perspectiva de llegar con tiempo para ir a la misa del peregrino, además de la advertencia de que el último tramo no era especialmente bonito, hicieron que le diésemos un margen a la etapa por si acaso. Eso sí, cuando salimos a la calle, todavía era noche cerrada. Todo lo que veíamos más allá de nuestras narices era esto...



MacLuz nos guiaba con su linterna. Petacchi, quería adelantarse, pero tuvo miedo y volvió con nosotros, con la seguridad de nuestra linterna y compañía. Entramos en un bosquecillo, dudamos del camino a seguir, y vimos como detrás nuestro se acercaba una luz rápidamente. Hicimos comentarios varios sobre que nos iban a hacer de todo, que esa luz se acercaba muy rápido, pero finalmente eran dos chicas que iban rapidísimo, y que nos pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Al fin, la luna que tan poco nos alumbraba, tapada por las nubes, dejó paso al sol, y facilitó la búsqueda de Santiago de Compostela.

Petacchi se adelantó finalmente, ya que tenía razones para llegar pronto a Santiago. El Ciclista Segoviano, en cambio, pasaba un momento terrible, y yo, con miedo de no llegar a la misa, me adelanté un poco con 64, al grito de Mac de "¡Si me queréis, irse!". Anduvimos por carreterillas, nada bonitas, sobre todo tras pasar un pueblo en el que unos ciclistas nos adelantaron. Pasamos por almacenes y muchos edificios estilo industrial, siempre pensando que quedaba poco.





Y al fin llegamos al Monte Do Gozo. Desde allí se podía ver Santiago de Compostela. Estando allí, sentías un increíble gozo. Estabas al lado de tu objetivo, después de todo lo que habías recorrido. Pensabas cuánta gente había estado allí antes que tú, en la cima del monte, divisando Santiago. Personas que peregrinaron hace cientos de años, para conseguir alguna gracia, para pedir perdón por algo, o simplemente para abrazar al Santo, que recorrían cientos y cientos de kilómetros, y que finalmente, como nosotros, llegaban al Monte Do Gozo, y veían con alegría Santiago. Allí nos reagrupamos los cuatro de siempre, y cogimos fuerzas para la bajada. Estaba aquello llenísimo de chavales, de un colegio de Jerez creo. Sellé mi credencial en la ermita que había, y nos hicimos unas fotos MacFotos y yo, que teníamos fuerzas de sobra. Nos acercamos al monumento, y estuvimos un momento allí, con la ciudad a lo lejos.



En la bajada volvimos a separarnos. El Ciclista Segoviano bajaba lentamente, y había muchos, muchísimos peregrinos, que llegaban con nosotros a Santiago. Cuanto más próximos estábamos, ya desde etapas anteriores, más afluencia de gente se notaba. Y allí ya era casi una fila continua de gente, llenas de mochilas, vieiras, bastones, etc... Así, viendo que esperar era difícil, seguimos 64 y yo, caminando, sintiendo ya la mítica Catedral.



Y llegó el momento en el que oficialmente entramos en Santiago. Vimos el cartel, y cruzamos un puente, para adentrarnos ya definitivamente en la ciudad. El Camino ya no era camino, si no que las calles de Santiago nos recibían a todos. Avanzamos por esas calles, llenas siempre de peregrinos, cuando pude divisar parte de la Catedral. Puedo asegurar que los ojos se me humedecían, las lágrimas se me saltaban. Es una sensación indescriptible. Ya estás ahí, parecía que no llegarías, pero el esfuerzo lo ha valido. Seguimos caminando, cada vez más cerca, callejeamos, seguimos las flechas amarillas, que ya agonizaban, que sabían que en cuanto nos llevasen a la Catedral las abandonaríamos. Ahí estaba... Bajamos unas escaleras, no sin que las rodillas se quejasen, y doblamos la esquina a la izquierda ya en la plaza del Obradoiro... Y finalmente la vimos, en todo su esplendor. Allí estaba la Catedral, recibiendo a todos los peregrinos, recibiéndonos a 64 y a mí. Vimos a lo lejos a Petacchi, que había llegado hacía rato. Nos fundimos en un abrazo, y yo me arrodillé ante la Catedral. Di las gracias a Dios y a Santiago por haberme permitido llegar, y pensé muchísimas cosas en pocos segundos. Habíamos llegado, lo habíamos conseguido.



Aquí fui a hacerme la Compostela, mientras los demás llegaban. Luego me arrepentí un poquito, porque me perdí la llegada, sobre todo de Mac, pero bueno, cuando acabamos y nos vimos nos dimos un buen abrazo, y nos pusimos la camiseta de la flecha para ir conjuntados. Y ahí estaban las valencianas, en la plaza, cerca nuestro, así que nos hicimos una foto de grupo los que estábamos. Ya se acercaba la misa del peregrino, así que nos metimos en la Catedral en busca de un sitio decente. Yo me posicioné delante, bastante cerquita del altar (en la zona que se podía claro), con Mac. Desde ahí me aseguraba una buena posición para ver el botafumeiro. Durante la misa, seguía emocionado. A mi lado un señor extranjero cantaba bien alto las canciones en latín. Allí estaban muchos de los peregrinos que habíamos ido viendo por todo el Camino. Por ejemplo, un estadounidense (creo), con el que coincidimos en el Cebreiro, que tenía un tobillo fatal, pero que había acabado llegando. Yo no podía parar de pensar, que lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad, y que sin duda, recordaría toda mi vida esos momentos, fantásticos. Le di la paz al señor extranjero, ambos con una sonrisa tremenda en la boca, y también a Mac, con un abrazo. Comulgué, y vimos el botafumeiro, de un lado a otro, en otro momento mítico. Finalmente, la misa terminó, y nos dirigimos a la salida, mientras alguno cumplía promesas y se hacía fotos con sus peregrinas predilectas.

A la salida, nos hicimos fotos de grupo los integrantes de la expedición, y se terminaron de cumplir las promesas, con MacPato haciéndome fotos de rodillas mientras pensaba, I belong to Santiago. Luego, los que se iban a quedar por la noche fueron al albergue, y los otros fuimos a ver un poquito la ciudad, aunque no demasiado. Nos despedimos todos de las valencianas, esperando que no para siempre, y dimos una vuelta, mientras mirábamos restaurantes, monumentos, regalos, etc... Por cierto, fue la última vez que vimos a Barbol, que seguía caminando en armonía con la Naturaleza...



Volvimos a la plaza, y juntos todos, menos Alessandro Petacchi, que ya se había ido, fuimos a comer. Aunque he de decir que no me acabó de convencer del todo el sitio, comí bastante bien, con pulpito, queso de tetilla, y más manjares del estilo. Luego, la tarde la dedicamos básicamente a vaguear. Pero contaré todo lo que yo hice, ya que aquí cada uno fue a su bola, y yo en cambio hice cosillas interesantes.

Era imprescindible el abrazo a Santiago. Así que allí que me fui, acompañado por otros dos integrantes de la expedición. Hicimos la cola, subí, y abracé a Santiago, prometiéndole que volvería algún día. Pero más tarde, El Ciclista Segoviano también quería ir, y me sirvió de excusa para volver, ya que la otra había sido un poco con prisas. Esta vez, mucho más tranquilo, aunque rápidamente, pedí cosas, prometí otras, y di las gracias por muchas otras, principalmente por el Camino en sí. También, con el crack de Segovia, visitamos la tumba, e incluso me permití pedirle que echásemos un vistacillo a la tienda, por si había algo interesante. Luego, mientras los demás veían un espectáculo callejero, yo volví a entrar en la Catedral, y me arrodillé (seguramente para asombro de Mac) para hacer mis oraciones. Lo conseguí, aunque unas señoras intentaron molestarme y lo consiguieron, y una familia se puso delante de todo a hablar. Finalmente, me compré una vieira con la cruz de Santiago para poner en mi cuarto, y me uní definitivamente al grupo, que seguía viendo el espectáculo. La tarde agonizaba, y nuestra salida de Santiago era ya inevitable.

Fuimos a la estación de autobuses, nos acicalamos un pelín, y nos despedimos de los que se quedaban allí. Subimos al autobús, y yo, con ganas de seguir el show, llené todo lo imaginable de batido de chocolate. Gracias a ésto Mac disfrutó de unas risas toooodo el viaje, además del graaan sol de los de delante, el pequeño gran minisol. El viaje no fue del todo malo para mí, aunque sí para mis compañeros. Y a las 6:30 de la mañana, mis compañeros, el batido, y yo, llegamos a Madrid, y nos metimos en el metro, para finalmente separarnos, e ir hacia casa cada uno por su camino... Eso sí, ya no era el Camino de Santiago.

Y por fin, llegué a casa, con la mochila a cuestas. Cuando me tumbé en la cama, las imágenes se sucedían en mi cabeza. Nuestro batería sin poder terminar, el cansancio, los dolores, la ilusión al ver la Catedral, toda la gente que habíamos conocido por los albergues, las risas, los excelentes compañeros del viaje, las muchachas, mi querido Santiago... Un sinfín de experiencias para nunca olvidar... Una vez Machado escribió aquello de "Caminante no hay camino, se hace camino al andar"... El camino sí que existe, y sólo hay que seguirlo. Pero cada uno, cada individuo, cada peregrino que lo recorre, hace su propio Camino de Santiago, hace su propia historia. Cada peregrino hace su camino al andar, todos diferentes pero con un mismo objetivo, miles de historias en un mismo camino. Y yo nunca olvidaré mi historia, mi Camino de Santiago 2009. Épico, mítico, grandioso...


PD: La última cita del relato, para todos... "No me acuerdo de olvidarte." (Memento).

martes, 14 de julio de 2009

Haz lo necesario para lograr tu más ardiente deseo, y acabarás lográndolo. (Beethoven)

Sexta etapa.
"Los espartanos jamás retroceden, los espartanos jamás se rinden." (300)
"Es que no ves que soy tu amigo, es que no ves que siempre seré tu amigo." (Bailando con lobos)


Nos permitimos levantarnos más tarde ese día, dado que los kilómetros que teníamos que caminar eran menos en comparación a días anteriores. Pero aún así era pronto. Cuando estuvimos listos, salimos a la calle dispuestos a comenzar la etapa, pero caía un ligero sirimiri (valga la redundancia), que comenzó a agravarse un poquito, así que paramos para poner las fundas a las mochilas y para sacar nuestros chubasqueros. Por cierto, me olvidé de decir en la etapa que pasábamos por Portomarín que ese día llovió, y que MacMuerte sacó a relucir su poncho con el cual daba bastante miedo, una mezcla de la muerte y el Jorobado de Notre Dame. El caso es que a los 2 minutos de ponernos todo, dejó de haber incluso sirimiri, así que al cabo de un rato tuvimos que volver a pararnos para quitarnos las prendas de lluvia.

Hicimos un buen tramo con Alessandro Petacchi (ex Rubens Barrichello, pasa a ser Petacchi por rapidez y técnicas de ligoteo italianas) en el grupeto Cipollini. Cantamos en homenaje póstumo La Chica de Ayer, aunque ese día hubo muchos cortes en las canciones porque yo andaba pendiente de sacar los billetes de vuelta, aunque no me hacía nada de gracia eso de volver... Ahora dudo de si lo de silbar películas fue en la quinta o en la sexta etapa... El caso es que caminamos tranquilos, nos cruzamos algún colegio de los que iban más o menos a la par nuestra, y acabamos parando para desayunar y porque El Ciclista Segoviano renqueaba mucho, y no era cuestión de forzar, y menos precisamente a él.

Otro momento mítico de MacAsustaChicas se produjo en este punto... Estábamos tomando filipinos, cañas (de chocolate) y demás, cuando Mac se puso a caminar de espaldas por el camino, muy lentamente... Mientras tanto, dos chavalas se acercaban, y él siguió y siguió, lenta y constantemente, mientras las otras se acercaban. Al final, terminaron por cogerle y sobrepasarle, no sin cara de temor, y con las risas de un extranjero sentado cerca nuestro, que le señalaba y se reía a carcajadas.

Nos pasó aquí el grupo de los nuestros que iba más retrasado, y creo que poco después de la parada, nos reencontramos con las valencianas. Nos habían pasado mientras nos poníamos los ponchos (pecando de pardillos), y se habían parado a desayunar. Nos gritamos cosas mutuamente, y continuamos nuestro viaje.



Pasamos bonitos parajes, y realizamos comentarios y promesas ya con vistas a nuestras vueltas. Promesas como arrodillarse frente a la Catedral, hacerse foto de grupo con las valencianas, o incluso alguno dijo que se haría una foto con la chica más guapa del Camino de Santiago. Cabe destacar, que aunque no fue en este momento, fue mítico el "¡Si me queréis, IRSE!" de MacLola, que repetía en diversas y apropiadas ocasiones y con el que nos mofamos mucho. Otra frase que yo repetí mucho, era "This place is death", en homenaje a Perdidos. También repetimos hasta aburrir frases del estilo de "Nunca dormí más", "Jamás dormí tanto", "Imposible que yo durmiera tanto" al estilo Tojeiro. Aunque sin duda lo más repetido en el grupeto Cipollini era el "No no no no... ¡¡¡NO NO, QUE NO QUE NO!!!" del míster Luis Aragonés.

En esto que pasamos por el mojón del kilómetro 23, al que Mac hizo fotos en homenaje a Mike a petición mía. Ya no quedaba nada, 23 míseros kilómetros nos separaban de la gloria de llegar a Santiago como peregrinos, 23 kilómetros para poder llegar y decirle hola de nuevo a mi querido Santiago, en aquella preciosa Catedral.

Y otro momentazo de MacGaleginho aconteció más o menos por aquí... Resulta que El Ciclista Segoviano no paraba de recibir llamadas de publicidad. Así que Mac cogió el teléfono poniendo acento gallego, y fue increíble. Le preguntó que qué móvil le regalaban, y cuando se lo dijeron le respondió que él había visto caer ese móvil y que se había destrozado, que era una mierda. También le comentó que él quería un móvil táctil, que le había visto a un amigo suyo uno, y que le gustaba que se pudiese tocar. Luego le dijo la chica que no, que era bueno, y que tenía GPS. Mac le preguntó que qué era eso, y cuando la chica acabó de explicarle, él lo resumió en que entonces, si yo quiero ir del punto A al punto B, con el GPS vas... Luego saludó a una paisana que iba por el Camino, y se lo avisó a la chica, y le preguntó que por ejemplo, si quería ir a Santiago, cómo iba con el GPS... En fin, una ristra de brillantes intervenciones con las que nos desternillamos de la risa la verdad...



Finalmente acabamos por llegar a Pedrouzo (perdonadme pero tengo una laguna en el nombre de este pueblo y me lo han tenido que soplar...), donde nos pusimos ya a la cola del albergue. No habría problemas, había dos grandes albergues, pero aún así alguno tuvo que dar la nota y colarse, tras echar la bronca a la gente "por no saber colocarse", y encima iban sin mochilas... Pero no agüemos la fiesta, porque fue un día de lo más divertido.

Nos dieron una habitación para los 10. Bueno, cabía más gente, pero fuimos los primeros en acomodarnos. Y que tremenda sorpresa, cuando mientras nos duchábamos... ¡Las valencianas habían sido colocadas en nuestra misma habitación! Seguramente no fue casualidad y nos perseguían, pero el caso es que fue un puntazo, porque nos permitió otro día de risas. Acabamos de ducharnos y nos sentimos observados, ya que las chicas esperaban para ducharse ellas, puesto que sólo había un baño para todos en esa habitación. Después, 64 y yo fuimos a tomar nuestro habitual menú.

Ese día comí ensalada de pasta de primero, que estaba rica, y Lasaña de segundo, rica pero sin pasarse. De postre no sé si fue aquí el flan de chocolate que dudaba el otro día... Creo que sí... Y que el otro día fue tarta de chocolate. En fin, que comí bastante bien, y volvimos hacia el albergue, donde MacMessi, El Ciclista Segoviano, y todos en general, sumados a las valencianas, estaban a tumbados al sol. Ahí unos estuvieron tirados descansando, otros jugaron a las cartas con raros juegos, y al final acabamos yendo a ver el Tour, que por cierto había crono por equipos. Nos tomamos un heladito, y vimos al Astana ganar, pero sin colocarse Armstrong de líder, cosa que nos alivió un poco.

Luego dedicamos un rato de tiempo a buscar una camiseta de la flecha amarilla para MacMessi. Según él ni le gustaba, pero yo me había comprado una, y había sido copiado por varios más, así que decidimos ir conjuntados al día siguiente. El caso es que no la encontramos por ningún sitio, pero aprovechamos para comprar la cena, y dudar si comprar licor de patata o no... Al final no... Luego fuimos al albergue y jugamos un rato al mus 64, MacMus, El Ciclista Segoviano y yo. Petacchi estaba durmiendo, los demás no me acuerdo... Al final, tras cenar, y sabiendo que al día siguiente nos queríamos levantar muy pronto para llegar a la misa del Peregrino sin falta, fuimos preparándonos para ir a la cama...

Y allí que estábamos, cuando se lió pardísima. Al principio éramos los únicos que estábamos en el cuarto. Mac hizo una broma sobre que estaba al revés para que le dieran un beso en la frente, y se llegaron a hacer carteles con "Besos en la frente gratis". Pero finalmente, por una u otra razón, los carteles fueron eliminados, y Messi no recibió besos en la frente ni siquiera de Petacchi. Al final, acabamos por dormirnos todos, hasta que, cual terremoto, y como a las 12 y pico de la noche, llegaron las valencianas con ganas de fiesta. Evidentemente nos despertaron a todos, y como decía, se lió parda. Los gritos se sucedía, locuras como golpes en las paredes, unas que decían que se estaban quejando de arriba, de al lado, de nuestra habitación... Otros que intentaban hacer la tortuga, eran pillados, y disimulaban de manera lamentable yendo al baño. Como digo, se instauró la locura. Dijeron que dónde estaba Messi el de los calzoncillos, que había que tenerle vigilado. Hasta yo me volví loco, y comencé a gritar como Luis Aragonés diciendo que no, y que Messi no era español y tal. Comprobaban si la gente dormía desnuda o no, te enfocaban con la linterna como si te estuvieses fugando de la cárcel. Había veces que parecía que el silencio volvía, pero en seguida alguno soltaba algo y se volvía a armar una jauría. Mandaron callar a alguno con tomo imperante y provocando risas tremendas por la "humillación". Fueron minutos gloriosos, donde alguno como yo se vio fuera del albergue (expulsado), pero que finalmente acabaron con varias de las valencianas saliendo de la habitación en busca de calma. Así acabamos por dormirnos, quedando muy pocas horas para levantarnos a caminar de nuevo...

lunes, 13 de julio de 2009

Eres increíblemente listo o increíblemente estúpido. (Enemigo Público)

Quinta etapa. "Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los "cómos"." (Nietzsche)

De nuevo estábamos en pie, cuando todavía amanecía, dispuestos a caminar hacia Santiago un día más. El albergue de Ligonde-Eirexe nos despedía con una nota de su dueña, la amiga de MacGastaAgua. Yo me desayuné unas Chiquilín, acompañadas de un poquito de chocolate de MacMilka, y salimos en dirección Palas del Rei, primer pueblo grande que nos encontraríamos.



Una preciosa mañana nos acompañó, y en seguida volvimos a reunirnos los del grupeto Cipollini, con nuestro incansable ritmo. MacMessi trató de amenizar el viaje silbando melodías de películas para que las acertásemos. Yo intenté Terminator pero fracasé estrepitosamente. 64 silbó la mítica "Ladrón, ladrón, cocodrilito cocodrilón, al-ca-pitán, se quiere comer..." de Peter Pan, que, evidentemente, sólo acerté yo, con mofa generalizada... Y así, entre pitos y flautas, acabamos por llegar a Palas del Rei, donde había que hacer parada en boxes, ya que El Ciclista Segoviano lo necesitaba debido a sus achaques. Así, acabamos parando a desayunar en un bar a las afueras, donde nos trataron de nuevo muy bien, y pudimos disfrutar de tostadas con mantequilla y mermelada, además de cola-caos o cafés calentitos, ya que esa mañana hizo frío. Sellé mi credencial en señal de conformidad, y salimos rejuvenecidos del pueblo.



El grupeto Cipollini (en la foto de arriba los miembros fundadores) fue mejor que nunca. Podían dolernos cosas, pero el ritmo era sostenible durante casi infinito tiempo. Así, nos adentramos en la niebla, ahora con la mirada puesta en Melide, donde quizá podríamos dormir ese día.



Evité varias caídas en las que vi el suelo muy de cerca, mientras entre los demás cundía el jolgorio por este motivo. Cantamos alguna canción más, como Años 80 de Los Piratas que causó furor entre el público, con una sensacional performance de MacMessi y mía. Además, MacMessi intentó ese día ahuyentar varios animales, con diversos resultados. La táctica era ponerse a correr, con el bastón en alto y agitándolo, y realizando sonidos guturales a poder ser. Un perro huyó ante semejante fenómeno de la Naturaleza, pero un caballo le vaciló durante un buen rato, afirmando sin cesar.



Cruzamos puentes, avanzamos sin dolor, y finalmente llegamos a Melide, donde ya nos esperaban los demás. Era realmente pronto, y hubo cierta discusión sobre qué hacer. Yo era partidario de seguir, aunque había que seguir bastantes kilómetros. El Ciclista Segoviano y 64 me apoyaban, incluso decididos a seguir pasase lo que pasase. Y quizá fue el destino, o quizá fue la casualidad, pero fue una suerte seguir, y más la que tendríamos luego, porque así pudimos conocer a gente con la que lo pasaríamos muy bien.



El caso es que acabamos siguiendo todos, porque encima Melide no gustó demasiado. Era muy ciudad, grande, y sin el encanto de muchos pueblos que habíamos pasado hasta ese momento. Eso sí, nos compramos comida, yo "una empanada de la leche", y los demás algunos empanadas y otros bocadillos. Y así seguimos avanzando en busca de Ribadiso, lugar del que teníamos muy buenas referencias, y donde había un buen albergue según nos contaban.



Atravesamos preciosos parajes, y finalmente llegamos a un pueblecito, con un albergue con buena pinta, un sitio bastante bonito. Pero allí nos esperaba la noticia de que no quedaban plazas para todos. Mi reacción fue casi instantánea, y seguí caminando hacia Arzúa, guiado por las estrellas. Mientras Messi llamaba a un albergue privado para coger sitio, salíamos del pueblecito El Ciclista Segoviano, Barrichello, el propio Messi y yo. Y de repente, como una exhalación, nos pasó Soixantequatre corriendo. No contento con ello, llegó a una empinadísima cuesta, y se puso a hacer un sprint realizando una increíble exhibición. Increíblemente no se lesionó, y seguimos andando cuesta arriba.

En lo alto de la cuestecilla, nos esperaba un chaval perdido de Valladolid. Le indicamos lo mejor que pudimos dónde estaban sus camaradas, y seguimos hasta que un señor nos paró, y con su asombrosa labia casi casi nos convence para ir a su albergue. Muy poco después llegamos a Arzúa, donde nos esperaban en el albergue, que aunque no era un super lujo, era tremendamente amplio, y con las mejores duchas de todo el Camino de Santiago, con jabón incluído. Y, además, nos esperaban muchísimas risas con unas inquilinas que ya se dejaban ver por allí...

Era tarde ya, así que 64 y yo tuvimos que tirar de raciones en lugar de menú, pues era un pueblo grandecillo y no tan dedicado a los peregrinos como otros. Aún así comí bastante bien. Luego volvimos, y mientras yo me fui a lavar unos calcetines que necesitaba, los otros dialogaron sobre el trayecto del día siguiente. Luego volví y estuvimos un rato en el cuarto, junto al mítico Barbol, y donde conocimos a unas simpáticas chicas con las que pasaríamos grandes ratos los dos siguientes días. Eso sí, las conocimos por la voz, porque ver veíamos esto...



Fuimos al salón del albergue a cenar, mientras veíamos las noticias. Allí entró una chica de las del grupo, de las valencianas, y le hicimos a 64 el clásico "¡Uiuiuiui la que te gusta!", con lo que nos reímos muchísimo. Poco después, fuimos ya al dormitorio, donde pasaríamos un rato genial.

Se sucedieron las escenas míticas aquella tarde-noche. MacNakedMan, decidió por alguna extraña razón, realizar el Naked Man (en calzoncillos de abeja) cuando una mozuela volvía del baño hacia su cama... Tras hacerle el Superman a la pobre chica, vio que volvían otras dos, y realizó el Pensador. Esta vez fue aún peor que la anterior, porque salieron corriendo, y a los pocos segundos se pudo escuchar tras la cortina... "¡Ojalá estuviésemos ciegas!". Más tarde Messi gritó "¡¿Pero qué hace una compresa aquí!?" y las carcajadas fueron tremendas. Lulú, cogió una manta, y realizó La Tortuga, en un épico movimiento que pasará a la historia. Y así, entre múltiples comentarios pasamos una noche muy divertida. Yo quise aportar algo, y cuando me dijeron que si me había puesto la alarma, dije que ya nos despertarían ellas, que no podían vivir sin nosotros, y las chavalas lo repitieron incrédulas. Luego hubo bromas varias sobre "pedos" y demás chorradillas típicas... Otro momento grande de Messi, fue cuando abrieron la cortina las mozas, y éste, tras haber realizado dos Naked Man como he contado, se levantó en calzones y dijo cerrando la cortina, "Lo siento, es que me da vergüenza...". En fin, que nos divertimos muchísimo, y que conocimos a unas bellísimas personas la verdad... Y, por suerte para nosotros, (y supongo y espero que para ellas), no sería la última vez que coincidiésemos.

Y así terminamos por dormirnos, ya a menos de 50 kilómetros de dar el abrazo a Santiago... Ya nada podía fallar, teníamos un porqué. Un porqué para seguir caminando, un porqué para hacer esos 40 kilómetros, sin importar el cómo...

domingo, 12 de julio de 2009

Las actitudes son más importantes que las aptitudes. (Churchill)

Cuarta etapa. "Me gusta mi pierna, está conmigo desde que era un niño." (House)

Serían las seis de la mañana aproximadamente cuando abandonábamos Ferreiros, aquel pequeño pueblo con encanto, dirección Portomarín, donde nuevamente nos abasteceríamos. Nada más salir de Ferreiros, ante una cuesta abajo de alarmante pendiente, formamos ya el grupetto Cipollini, puesto que mis rodillas prácticamente iban a explotar, especialmente, mi pierna derecha, la de la frase. Llegué incluso a bajar tramos de la cuesta hacia atrás, para minimizar el dolor, que siempre al comenzar a caminar era más fuerte. Y así, sufriendo y entre mofas, comenzamos el caminar del cuarto día.

Esta etapa fue, probablemente, y en mi opinión, la más divertida. Siempre escudado de Soixante-Quatre y MacCuak, al inicio también contamos con El Ciclista Segoviano en el grupo. Fue el día de las canciones. MacBunbury iba siempre dando con la voz cantante, y yo hacía principalmente los coros, con alguna colaboración de El Ciclista Segoviano, que ya empezaba a tener serios dolores por cierto. Y así fuimos gran parte del camino, entre Quique González, Mikel Erentxun, y muchos clásicos para que todos pudiésemos cantar. Especialmente memorable la interpretación de My Way, en voces de tenor, a todo pulmón, que quedó de lujo, y tras la cual MacFrank y yo hicimos un choque de manos en muestra de respeto mutuo.

También hubo situaciones muy graciosas, como cuando a medias de una canción veíamos a alguien, y nos daba vergüenza seguir cantando pero el uno fastidiaba al otro y seguía para que el otro también tuviese que hacerlo, y así acabábamos teniendo que cantar delante de la gente. Recuerdo especialmente el temazo ¿Quién se acuerda de ti? de Mikel ante unas señoras, que nos dijeron que cantábamos muy bien. También debo mencionar que cantamos tras unas chicas, Libre si no me falla la memoria, y que lo hicimos con cierta destreza y en un tono bastante alto. Posteriormente, al pasarlas, nos gritaban que por qué ahora no cantábamos.



Esto de las canciones creo que fue a lo largo de toda la etapa, no sabría ubicar cada situación. Lo que sí sé es que llegamos a Portomarín, un precioso pueblo a orillas del río Miño. Allí coincidimos con los catalanes macho (los hombres), a los que por cierto habíamos "quitado el sitio" en el albergue de Ferreiros, y les desafiamos para el siguiente. Lo cierto es que aquí nos adelantarían, ya que fuimos a coger provisiones al supermercado, donde por cierto nos trataron bastante bien. Tras ello, yo quise ir tirando, puesto que prefería sin duda seguir nuestro buen ritmo y no realizar paradas innecesarias. Así que Mac, 64 y yo nos adelantamos en busca de Ligonde, donde teníamos pensado pasar noche.





Atravesamos un estrecho puente, desde donde pudimos realizar alguna bonita foto, y continuamos nuestro camino en un pequeño ascenso. Aderezamos el camino con historias de MacBiciclista, que nos contaba dónde se había perdido en su aventura de caminero-ciclista, y dónde había parado y encontrado a dos joyas de la Naturaleza. Pintamos una flecha en el suelo en un lugar que no estaba demasiado claro por dónde seguir, y amenicé un poco el viaje con sonidos de mi móvil, como el repetido "No no no no... ¡¡¡NO NO QUE NO QUE NO!!!" de Luis Aragonés, o el tono de The Office que puso los pelos de punta a MacDwight. También cantamos bien alto la canción del anuncio de Renault de "Y una maratoooooon", escuchamos a Poli decir "no ha sido gol pues porque no ha sido gol" y algunas otras perlas más.

En algún punto del camino nos adelantaron Rubens Barrichello acompañado por El Ciclista Segoviano, que misteriosamente había adquirido unas fuerzas renovadas. Nosotros tres seguimos a lo nuestro en nuestro grupeto Cipollini, y nos cruzamos con los catalanes nuevamente, que habían parado a tomar algo y nos gritaban que nos invitaban a un café, o a cualquier cosa con tal de retrasarnos. Yo en particular iba cansado, pero no mucho, y me sentía con capacidad para hacer mil kilómetros, seguramente era el día que mejor iba. Es contradictorio ya que mi pierna no estaba bien, pero la sensación era de poder seguir eternamente.

Y hubo hasta momentos que no tenía nada de dolor ni cansancio. ¿A qué se debía? A que sin duda vivimos uno de los high-lights del Camino de Santiago, probablemente el rato que más me reí. Caminábamos ya casi llegando a Ligonde, cuando MacMoradorDeLasArenas recibió una llamada, que le comunicó que la avanzadilla ya nos esperaba en el albergue. Entonces Mac preguntó que cuánto nos quedaba, y al escuchar que quedaban dos kilómetros, se puso a realizar sonidos guturales en estado de shock, durante no menos de un minuto. 64 de la risa se metía en medio de la carretera, donde podía haber sido fácilmente atropellado, lo que provocaba que los gritos siguiesen, a los que yo sumaba de vez en cuando mi Chewbacca. Ya sin dolor, segundos después de haber colgado, un taxi se paró a nuestra vera, y para sorpresa e incredulidad nuestra, bajó la ventanilla y nos dijo probablemente lo último que hubiésemos esperado escuchar. Nos dijo, oye, que acabo de dejar ahí a tres asturianas, corred que las cogéis, y decidles algo... Tras pregunta nuestra nos dijo que iban con pantalones de esos cortitos, y ni cortos ni perezosos, seguimos caminando con nuevos objetivos.

Y allí que encontramos a tres chavalas, con la descripción dada, y MacAramisFuster les dijo que por el color de las esterillas debían ser asturianas. La cosa no dio mucho juego, así que seguimos caminando, y observamos un albergue cerrado con un cartel, con lo que dedujimos que los tête de la course estaban en otro, como creíamos. Entramos por si acaso a preguntar en un bar, donde MacBromas hizo reír a la camarera, por ejemplo cuando le dijo que nos quedaban 500 metros y éste dijo que si eran metros europeos (o algo así). Finalmente llegamos al albergue de Ligonde-Eirexe, donde cogimos sitio y nos duchamos.

Como de costumbre, fui a comer con 64. El menú de ese día consistió en ensalada mixta de primero, gigantesca, y de segundo me apetecieron huevos fritos con patatas y chorizo creo. De postre pedí flan de chocolate, aunque tengo dudas de si fue este día o el siguiente. El camarero muy amable también, y como salí contento del sitio me sellé la credencial para dejar constancia en mi memoria. Era domingo, y pregunté para ir a misa, pero desgraciadamente por la tarde no había, así que tuve que faltar ese día. Tras la comida nos tiramos en el prado unos cuantos, donde todos o casi todos pudimos dormitar un rato, entre verdes pastos y gallinas.

Luego fuimos a ver la final de Wimbledon, donde mi querido Andy Roddick casi consigue batir a Federer en un partido emocionante, pero con triste final. A nuestro lado, se sentaron durante el partido dos simpatizantes de A-Rod, y posteriormente un extranjero que animaba a Federer, gritando CADA punto que éste ganaba, "¡FAN-TAS-TIS-COOO!". Luego nos pedimos una pizza que estaba excelente, mientras en partido acababa, y después fuimos a dialogar sobre la etapa del día siguiente, que tenía su miga, como luego se demostró.

Y así fue muriendo el día, que había sido divertidísimo. Aún hubo tiempo para que un chaval molestase un poco en una litera cercana, pero ese día no dormí mal. El día siguiente nos levantaríamos pronto, para poder avanzar ya hacia nuestro ansiado destino, Santiago de Compostela.

sábado, 11 de julio de 2009

Te cortaremos los huevos, verás que bien. (House)

Tercera etapa. "A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar." (Kafka)

Ese día, nos levantamos temprano como de costumbre, y mientras nos preparábamos nos dimos cuenta de que estaba lloviendo. Eso para muchos era una desgracia. Para MacLeo y para mí molaba, era un desafío y así él podía estrenar su preciado poncho, que luego se convertiría en mítico. Pero no todavía, ya que para cuando salimos la lluvia había cesado. Cuando salimos todos fuera, nos despedimos de nuestro particular caído en combate, que por fin pudo obtener un alivio a su sufrimiento. Y así nos despedimos de Samos, en dirección hacia Sarria, que todo el mundo acentuaba incorrectamente, donde pararíamos para abastecernos probablemente.

Para ese día, harto de caminar deprisa sin ningún motivo, comenzamos a hacer grupeto Cipollini ya desde el comienzo, comandado por mí, con 64 de gregario, y normalmente acompañados de El Ciclista Segoviano y MacMac. La etapa de este día se hizo especialmente dura, con kilometrajes probablemente mal marcados, y llevando siempre referencias malas en este sentido. Terminamos los cuatro citados haciendo el grupeto, acabamos llegando juntos a Sarria, donde ya esperaban los demás. Allí comunicamos a Lulú que se le había caído la gorra, y que la había recogido una canadiense de mediana edad que justo iba a pasar ahora por allí. Lulú se apresuró a pedirle la gorra, mientras el despilporrio se formaba entre los demás, dado que por supuesto, era mentira, y la tenía Leo Messi.

Tras esta cómica escena, desayuné un buen croissant con un cola-cao calentito, mientras los demás hacían lo propio, unos con café, otros sin croissant, etc... El café sería importante poco tiempo después... Allí, desayunando, volvimos a coincidir con los catalanes, un grupo de cinco personas con los que habíamos coincidido en el albergue de Samos, y con los que mantendríamos un alegre y divertido pique ya durante todo el Camino de Santiago. Discutimos un poco sobre que alguno de los dos grupos hiciese más kilómetros puesto que no íbamos a caber todos en el mismo albergue, y tratamos de retrasarnos mutuamente por el mismo motivo.

Tras ésto, nos fuimos levantando todos los de nuestro grupo, para ir a comprar todo aquello que necesitábamos. Yo en particular acudí a la farmacia, donde quería comprar drojas, con las que mantener el nivel competitivo del Camino. Me compré una cremita para mis maltrechas rodillas, y nos arrejuntamos de nuevo para continuar, siempre formando el grupeto Cipollini. Y aquí fue donde entró en juego el café. El Ciclista Segoviano, totalmente dopado, empezó a marcar un ritmo demoledor con el que dejaba a todos atrás, a vacilar a las chavalas que se encontraba, y, en general, a mostrar una hiperactividad nada frecuente en él. Si no recuerdo mal nos encontramos con el grupo de chavales de un colegio de Valladolid, y nos grabaron en vídeo los japoneses (¿?) que les acompañaban.

La salida de Sarria la hicimos entre estos chavales, y charlamos amigablemente con una madre/monitora/encargada, que nos comentó la situación de los 120 chavales que conformaban el grupo.



La etapa no era nada fea, excepto algún tramo, pero se hizo especialmente dura, como ya he comentado. Íbamos cansados continuamente, con ganas de parar, avanzando lentamente. Una parada la hicimos en una fuente con el mítico muñequito del Xacobeo, por el que siempre he tenido un increíble aprecio. Allí repusimos agua, bebimos, y paramos unos minutos que sentaban de muerte, pero que luego provocaban unos minutos horribles al reemprender la marcha.



Anduvimos y anduvimos, y preguntábamos o buscábamos referencias de dónde estaba nuestro objetivo, Ferreiros, que tenía un albergue muy pequeñito, donde sólo cabían unos 17 o 19 peregrinos si no recuerdo mal. Nos dijeron que quedaban dos kilómetros, pero seguramente no era así. Y nosotros seguíamos caminando, asumiendo que rendirse no era una opción (Vetusta Morla), y pensando que el siguiente pueblo sería Ferreiros. Y así llegamos a un tramo precioso, en el que había que ir ascendiendo por unas piedras, ya que era una especie de camino-río. Había que ir en fila india, y había una persona mayor subiendo, así que eso sirvió de excusa para darme un respiro. Finalmente acabé por sobrepasarla pisando el agua con mis inalterables botas, y ya casi podíamos oler Ferreiros.

(Este no es el tramo al que me refiero anteriormente, que conste...)


En ese momento, yo caminaba junto a mi amigo El Ciclista Segoviano, puesto que MacAttack y Soixante-Quatre se habían adelantado. Llegamos a Ferreiros, o eso creíamos, pero de repente vi un cartel que indicaba Ferreiros en dirección contraria. Un amago de infarto hizo que mi acompañante se descojonase de la risa de mí, pero era todo una farsa, y estábamos a escasos 20 metros del albergue donde los compañeros nos esperaban, y encima con sitio seguro. Poco después el albergue se llenaría, la suerte había estado de nuestra parte.

Estaba yo instalándome, habiendo escogido mi cama debajo de mi gran amigo 64, cuando vi que algo extraño pasaba con un señor de edad avanzada, unos 60-70. El caso es que me di cuenta de que sólo quedaban literas de arriba, y que buscaban una de abajo o se iban a ir a buscar otro albergue. Yo le cedí la mía al señor, que la quería para su mujer, y he de decir, que aunque me dieron las gracias, no noté ningún tipo de calor ni sentimiento en sus palabras, aunque claro que podría estar equivocado. Luego pude disfrutar de una de las mejores duchas de todo el Camino, si no la mejor, y tras ello me fui a comer, como de costumbre con 64, un menú al restaurante del pueblo.

Nos sirvió una amable camarera, que luego pasaría a formar parte de la historia del Camino de Santiago... Pero no todavía. Comí, si mal no recuerdo, macarrones con tomate de primero, excelentes, que para variar me copió 64, y de segundo un filete con patatas, buenísimo, como acostumbra la carne de Galicia. De postre creo que nuevamente helado, todo regado con una Coca-Cola. Después, fui al albergue para intentar dormir un rato.

Pero no fue por mucho tiempo. Pese a que Barbol no me molestaba (por cierto creo que le nombré en la anterior etapa y no le habíamos conocido todavía), puesto que dormía en silencio y armonía con la Naturaleza, el señor mayor antes nombrado sí que se ocupó de roncar, y entre eso y otras cosas, me costó conciliar el sueño, así que fui con la mayoría del grupo a ver el prólogo del Tour de Francia, en el que muchos ya apostaban por la mula Cancellara.

Y ahí llegó uno de los momentos graciosos del Camino de Santiago, en el que hubo un rato que no sabía dónde meterme. El caso es que llegó un señor mayor, y se sentó cerca de donde yo estaba. El señor tenía un fuerte acento gallego, y debía ser de la zona, y me preguntó que qué tal por Galicia, mostrándome las cosas buenas de la zona. Así, dialogando (cabe decir que a mí me gusta bastante Galicia), acabó por decirme que tenía que, por lo menos, irme a pasar los veraneos allí, y que me tenía que buscar una novia gallega para poder hacerlo. Y raudo y veloz, se apresuró a decirme que me iba a presentar a la camarera, haciendo caso omiso de mis intentos de que desistiese. Y allí que se armó el cachondeo padre, con todo el mundo participando de la situación, el señor dándole tarjetas con mi teléfono a la camarera y hablándola en gallego, y con MacJodoncillo azuzándole para que continuase. Muchos ratos ni yo ni la camarera sabíamos dónde meternos, y pese a que la gracia duró un buen rato, la cosa no fue a más y acabamos yéndonos cuando acabó el Tour, a pesar de que alguno abogaba por mamarse allí mismo.

La cosa no acabó ahí ese día. Todavía quedaban muchas risas. Cuando estábamos a la salida del albergue cenando tranquilamente, de repente vimos aproximarse a la muerte, lentamente. Quedamos paralizados del miedo, y se fue acercando y acercando, hasta llegar a escasos metros nuestros, y se puso a charlar de manera amistosa con la encargada del albergue. (La muerte también tiene amigos y habla con ellos). Y no contentos con eso, vino su marido con una carretilla, y empezó a arrojar cadáveres a la basura, y encima al contenedor amarillo, porque ya sabemos todos que esas cosas se reciclan. Tras vaciar su carga, nos invitó a "subirnos a la carretilla", cosa que declinamos entre carcajadas, a sabiendas de que subir ahí equivalía a morir sin duda.



Finalmente, mientras unos intentaban dormir, otros se deleitaban con una mozuela de bella sonrisa y gran personalidad, habiendo acabado ya otro día más del Camino de Santiago, y habiendo sobrepasado el mojón del kilómetro 100, el punto del no retorno.

jueves, 9 de julio de 2009

Sin una gran decepción, no se aprecian las victorias. (60 segundos)

Segunda etapa. "Su grandeza es que estuvieron ahí, intentándolo". (El Alpe D'Huez (Libro)).

...y lo que no sabía es que bajar montes sería peor que subirlos. Y eso que a esas alturas, las fuerzas todavía acompañaban. No había lesiones, no había molestias. Mi único pequeño problemilla era una especie de ampolla en el pie, que el día anterior había descartado, pero que acabé por curarme por la mañana para prevenir mejor que curar. En fin, que nos levantamos pronto (como todo el mundo) y fuimos a desayunar, antes de comenzar el descenso.



Y comenzamos el descenso cuando todavía estaba amaneciendo. Tuve todavía ocasión de disfrutar del caído en combate mientras bajábamos. Paramos muy pronto, en un monumento a poca distancia, donde nos pusimos crema para el sol y algunas cosas más. Después de eso creo recordar que nos reagrupamos todos, lo que duraría hasta un rato después, cuando la bajada se haría más pronunciada y por camino de tierra. Aquí 64 comenzó con sus problemas de meñiques, y nuestro batería su particular calvario. El grupo de Lulú avanzó raudo, Barrichello como siempre a su bola (un crack), luego yo y 64, y por detrás el grupo de la muerte.

La bajada fue dura. Los pies no estaban acostumbrados a esa postura, la mochila tiraba hacia detrás, y las piedras no mejoraban la cosa. Al menos las rodillas aún no habían tomado su ración de protagonismo.



Y ahí, ya habiendo casi acabado el descenso, fue donde 64 sufrió uno de esos días (momentos) para los que no nació. Una mozuela, probablemente del Norte de Europa, rubia y con los ojos claros (azules si no recuerdo mal), se sentó a nuestro lado a descansar. Soixante-quatre estaba pasando por un mal momento debido a sus meñiques, pero había llegado su particular musa, por la que acabaría la etapa sin dolor alguno. Solamente fue capaz de ofrecerle unos kikos, ni siquiera sabría su nombre, pero a él le bastaba para seguir caminando con la ilusión de volver a verla.

Yo por mi parte, no veía el momento de llegar a Samos. Por cierto, precioso pueblo, con un monasterio muy bonito, y una gente muy amable, probablemente los que mejor me cayeron de todo el viaje. Y si yo no veía el momento de llegar, no puedo ni imaginar lo que pensaría el caído, en su lenta agonía hacia el pueblo donde, finalmente, dejaría de sufrir.



Pero todavía quedaba bajada hasta el pueblo, una infernal bajada muy empinada, pero que se pudo hacer gracias a que podía divisarse Samos desde arriba, y la referencia visual ayudó. Poco a poco conseguimos llegar, y finalmente nos pusimos a la cola del albergue del Monasterio de Samos, querido por mí pero odiado por otros. Minutos antes de llegar allí, un señor me vio cansado y me dijo que hacía calor. Le contesté que no se quejase, que en Galicia no hacía calor, y él me dijo que iba en sentido contrario. Le dije que me dejase descansar un poquito en el albergue para la siguiente etapa, y finalmente me gritó que él era de Burgos y no de Galicia. Una pequeña anécdota que tiene menos gracia así contada, pero que en su momento me hizo mucha gracia.

Tras instalarnos en el albergue, ducharnos, y acicalarnos un poquito, llegó MacCuak y el batería, que ya no daba más de sí. Desgraciadamente se volvía a Madrid, con lesiones y molestias irrecuperables. MacPato le acompañaría, y todos estábamos un poco alicaídos por las bajas.

Yo me fui a comer con 64 un menú a un restaurante, mientras los demás iban por su cuenta a lavar unos, y a ducharse todavía otros. Excelente recomendación del encargado del albergue, un restaurante con una super amable señora, que nos atendió de manera exquisita. Comí espárragos con mayonesa de primero, muy ricos, y chorizos criollos con patatas y pimiento de segundo, deliciosos. De postre pedí helado. La señora me dijo que si quería más podía repetir, pero acabé bien lleno. Luego llegaron más integrantes de la expedición, que también comieron ahí, y supongo que bien.

Para ese día ya contábamos con presencias míticas, como el hombre de rubio, que probablemente acabaría una etapa antes que nosotros, o el mítico Barbol, que se recorrió 40 kilómetros con sus 61 años gracias a sus poderes sobrenaturales y sus piernas infinitas. También estaba la chica de Soixante-Quatre, para su deleite. Además, pudimos disfrutar de cómicas escenas con un burro y unas ocas. Cuando el burro se aburría, o le daba por ahí, se ponía a correr hacia las ocas, que huían despavoridas graznando y alguna con las alas abiertas.



A la tarde, después de intentar dormir un rato, tuve ocasión de visitar el Monasterio por dentro, con muchas historias de San Benito, del incendio que arrasó gran parte del Monasterio, y con unos preciosos patios. Luego acudí a la misa cantada de los monjes, asombrando a propios y extraños arrodillándome sin temor. Más tarde la cena, acompañada de historias de Mac, con las que todos pudimos reír y disfrutar. Tras eso y una breve conversación telefónica con mi madre, fuimos ya pensando en dormir, a sabiendas de que el día siguiente sería duro. Y lo peor, la mala noticia, sería sin un compañero. Gracias a Dios MacMessi sí que continuó finalmente. Sin él no hubiese sido lo mismo. Como no lo fue sin nuestro batería.

Vivid arduamente, no temáis nada y os sonreirá el triunfo. (Churchill)

Primera etapa. "Ataquemos, en primer lugar, la primera muralla". (Lutero).

La noche había ya caído en Madrid. La marcha era ya inevitable, con las pesadas mochilas sobre los hombros y la espalda, los primeros pasos resonaban por las calles de Madrid, en busca del transporte hasta el punto de salida. Soixante-quatre y yo avanzábamos hacia el Metro, cuando allí, de improviso, nos encontramos a Lionel Messi. Poco más tarde estaríamos esperando el bus con otros tres nuevos compañeros, Barrichello, el baterista y El Ciclista Segoviano. El viaje no fue agradable para mí, que apenas pude conciliar el sueño, pero se acabó llegando a Villafranca, desde donde comenzaríamos la travesía.

Un señor, quizá alemán o francés, nos preguntaba de manera inteligible alguna cosa, y tras las mínimas preparaciones, comenzamos realmente el Camino de Santiago. La noche todavía se resistía a desaparecer, y yo rompí mi bastón en el minuto uno, que Leo me arregló afortunadamente. Después anduvimos un ratito hasta llegar a Pereje, donde finalmente acabamos de reunir al grupo, y tomamos un desayuno para coger fuerzas. Tras ésto, y sellar por primera vez la credencial, salimos hacia nuestro primer desafío, el Cebreiro.

En esta etapa yo caminé junto al grupo de cabeza casi siempre, mientras que el baterista comenzaba ya a sufrir y MacMessi le acompañaba siempre. Hasta llegar al monte todo fue bastante normal. Los primeros contactos con Barrichello y El Ciclista Segoviano fueron excelentes, y el grupo caminó a buen ritmo. Pudimos realizar nuestra primera parada de nuestro particular "Camino Gastronómico", tomando "una empanada de la leche" que estaba realmente rica. Llevaba creo que patatas y cosas así, no era la típica de atún o carne. Finalmente llegamos a las faldas del monte, y el ascenso, tras el kilometraje ya recorrido, empezó a hacerse duro. No obstante, yo cogí mi ritmo al más puro estilo Mancebo, ya que si no la pájara podría haber sido descomunal. En la ascensión pasamos a dos chavalas en bicicleta, que cuando llegó la parte de camino de tierra debieron pasarlo realmente mal. Los pies pedían ya descanso, pero cada pueblo o casas que se veían nunca eran realmente el pueblo de destino, así que se alargó la subida. Un aquarius bebido en instantes fue el último empujón, y finalmente pude coronar, sudando la gota gorda. Fuimos a la cola del albergue, donde entramos sin problemas aunque algunos de los compañeros fueron acusados de hacer etapas en coche. Tras la ducha, y el lavado de ropa de los que debían hacerlo, fuimos a comer.

Y ahí se produjo una de las mayores sorpresas y alegrías del Camino. En la tienda de comestibles que fuimos a comprar, había un póster... ¡de la Real! Un vejete huraño y de pocas palabras que regentaba el comercio, era un seguidor de la Real. Tras las botellas había otro póster de otra temporada de la Real. El que más se veía, si no me equivoco, era el de la temporada de la Champions, de después del subcampeonato. Le pregunté que si era de la Real, le di la mano, me dijo que el mejor se había ido al bilbao, y le dije que era un traidor a la patria y se rió. Después le compré la comida, y salí impresionado de que hubiese Realistas en un lugar tan "extraño".

Las horas de después de la comida solían discurrir entre dudas de si dormir un poco de siesta o no, juegos de cartas, visitas a los pueblos, etc... Yo intenté dormir un rato, pero con los ronquidos casi nada. Así que decidí irme por mi cuenta mientras 64 y Barrichello dormían sin problemas (los demás no recuerdo), y visité la Iglesia, recé un poquito, y me compré una camiseta que me gustó. Más tarde, aparte de la cena, no se muy bien qué hicimos, pero como la hora de dormir es muy temprana, pronto estuvimos en las camas dentro de los sacos, entre ronquidos, nórdicas, y fundamentalmente, mucho cansancio. Por mi parte ese día dormí bastante poco y a trozos, siempre con movimientos de gente. Por cierto que ese fue el día en que el móvil de un tío no paraba de sonar, hasta que 64 se levantó de la cama y fue a apagarlo, y según me dijo después el tío lo tenía en super-alto... No paraban de llamarle cada minuto, era horrible, y con un tono que probablemente era el más triste de la historia. Luego cuando ese tío llegó estuvo un buen rato mirando el móvil, no se qué se traía entre manos, pero era cuanto menos raro.



Y así acabó la primera etapa, en la que la primera muralla fue derribada no sin sufrimiento. A estas alturas 64, Barrichello, El Ciclista Segoviano y alguno más estaban muy enteros. Yo tenía miedo de mis pies pero sin mayor problema. Y al baterista ya sólo le quedaría un increíble sufrimiento antes de tener que abandonarnos no sin tristeza de todos. Leo Messi, como crack que es, le acompañó siempre, y no mostraba muchas secuelas. Y el grupo comandado por Lulú, siendo ya su segunda etapa, tampoco mostraban demasiados problemas.

Al día siguiente habría que bajar el monte...

miércoles, 8 de julio de 2009

Experiencia inolvidable

Inolvidable Camino de Santiago 2009.
Mañana empezaré a intentar recordar todo.
Un fuerte bratso en especial a Nacho, auténtico crack.