"Un amigo es la persona que nos muestra el rumbo y recorre con nosotros una parte del camino." (Francisco Alberoni)
"No vale la pena llegar a la meta si uno no goza del viaje." (Roger Martínez González)
"Juégatela un poco, valiente." (Quique González)
Nos levantamos tempranísimo, a las cinco de la mañana si no estoy equivocado. Eran pocos kilómetros, pero la perspectiva de llegar con tiempo para ir a la misa del peregrino, además de la advertencia de que el último tramo no era especialmente bonito, hicieron que le diésemos un margen a la etapa por si acaso. Eso sí, cuando salimos a la calle, todavía era noche cerrada. Todo lo que veíamos más allá de nuestras narices era esto...
MacLuz nos guiaba con su linterna. Petacchi, quería adelantarse, pero tuvo miedo y volvió con nosotros, con la seguridad de nuestra linterna y compañía. Entramos en un bosquecillo, dudamos del camino a seguir, y vimos como detrás nuestro se acercaba una luz rápidamente. Hicimos comentarios varios sobre que nos iban a hacer de todo, que esa luz se acercaba muy rápido, pero finalmente eran dos chicas que iban rapidísimo, y que nos pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Al fin, la luna que tan poco nos alumbraba, tapada por las nubes, dejó paso al sol, y facilitó la búsqueda de Santiago de Compostela.
Petacchi se adelantó finalmente, ya que tenía razones para llegar pronto a Santiago. El Ciclista Segoviano, en cambio, pasaba un momento terrible, y yo, con miedo de no llegar a la misa, me adelanté un poco con 64, al grito de Mac de "¡Si me queréis, irse!". Anduvimos por carreterillas, nada bonitas, sobre todo tras pasar un pueblo en el que unos ciclistas nos adelantaron. Pasamos por almacenes y muchos edificios estilo industrial, siempre pensando que quedaba poco.
Y al fin llegamos al Monte Do Gozo. Desde allí se podía ver Santiago de Compostela. Estando allí, sentías un increíble gozo. Estabas al lado de tu objetivo, después de todo lo que habías recorrido. Pensabas cuánta gente había estado allí antes que tú, en la cima del monte, divisando Santiago. Personas que peregrinaron hace cientos de años, para conseguir alguna gracia, para pedir perdón por algo, o simplemente para abrazar al Santo, que recorrían cientos y cientos de kilómetros, y que finalmente, como nosotros, llegaban al Monte Do Gozo, y veían con alegría Santiago. Allí nos reagrupamos los cuatro de siempre, y cogimos fuerzas para la bajada. Estaba aquello llenísimo de chavales, de un colegio de Jerez creo. Sellé mi credencial en la ermita que había, y nos hicimos unas fotos MacFotos y yo, que teníamos fuerzas de sobra. Nos acercamos al monumento, y estuvimos un momento allí, con la ciudad a lo lejos.
En la bajada volvimos a separarnos. El Ciclista Segoviano bajaba lentamente, y había muchos, muchísimos peregrinos, que llegaban con nosotros a Santiago. Cuanto más próximos estábamos, ya desde etapas anteriores, más afluencia de gente se notaba. Y allí ya era casi una fila continua de gente, llenas de mochilas, vieiras, bastones, etc... Así, viendo que esperar era difícil, seguimos 64 y yo, caminando, sintiendo ya la mítica Catedral.
Y llegó el momento en el que oficialmente entramos en Santiago. Vimos el cartel, y cruzamos un puente, para adentrarnos ya definitivamente en la ciudad. El Camino ya no era camino, si no que las calles de Santiago nos recibían a todos. Avanzamos por esas calles, llenas siempre de peregrinos, cuando pude divisar parte de la Catedral. Puedo asegurar que los ojos se me humedecían, las lágrimas se me saltaban. Es una sensación indescriptible. Ya estás ahí, parecía que no llegarías, pero el esfuerzo lo ha valido. Seguimos caminando, cada vez más cerca, callejeamos, seguimos las flechas amarillas, que ya agonizaban, que sabían que en cuanto nos llevasen a la Catedral las abandonaríamos. Ahí estaba... Bajamos unas escaleras, no sin que las rodillas se quejasen, y doblamos la esquina a la izquierda ya en la plaza del Obradoiro... Y finalmente la vimos, en todo su esplendor. Allí estaba la Catedral, recibiendo a todos los peregrinos, recibiéndonos a 64 y a mí. Vimos a lo lejos a Petacchi, que había llegado hacía rato. Nos fundimos en un abrazo, y yo me arrodillé ante la Catedral. Di las gracias a Dios y a Santiago por haberme permitido llegar, y pensé muchísimas cosas en pocos segundos. Habíamos llegado, lo habíamos conseguido.
Aquí fui a hacerme la Compostela, mientras los demás llegaban. Luego me arrepentí un poquito, porque me perdí la llegada, sobre todo de Mac, pero bueno, cuando acabamos y nos vimos nos dimos un buen abrazo, y nos pusimos la camiseta de la flecha para ir conjuntados. Y ahí estaban las valencianas, en la plaza, cerca nuestro, así que nos hicimos una foto de grupo los que estábamos. Ya se acercaba la misa del peregrino, así que nos metimos en la Catedral en busca de un sitio decente. Yo me posicioné delante, bastante cerquita del altar (en la zona que se podía claro), con Mac. Desde ahí me aseguraba una buena posición para ver el botafumeiro. Durante la misa, seguía emocionado. A mi lado un señor extranjero cantaba bien alto las canciones en latín. Allí estaban muchos de los peregrinos que habíamos ido viendo por todo el Camino. Por ejemplo, un estadounidense (creo), con el que coincidimos en el Cebreiro, que tenía un tobillo fatal, pero que había acabado llegando. Yo no podía parar de pensar, que lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad, y que sin duda, recordaría toda mi vida esos momentos, fantásticos. Le di la paz al señor extranjero, ambos con una sonrisa tremenda en la boca, y también a Mac, con un abrazo. Comulgué, y vimos el botafumeiro, de un lado a otro, en otro momento mítico. Finalmente, la misa terminó, y nos dirigimos a la salida, mientras alguno cumplía promesas y se hacía fotos con sus peregrinas predilectas.
A la salida, nos hicimos fotos de grupo los integrantes de la expedición, y se terminaron de cumplir las promesas, con MacPato haciéndome fotos de rodillas mientras pensaba, I belong to Santiago. Luego, los que se iban a quedar por la noche fueron al albergue, y los otros fuimos a ver un poquito la ciudad, aunque no demasiado. Nos despedimos todos de las valencianas, esperando que no para siempre, y dimos una vuelta, mientras mirábamos restaurantes, monumentos, regalos, etc... Por cierto, fue la última vez que vimos a Barbol, que seguía caminando en armonía con la Naturaleza...
Volvimos a la plaza, y juntos todos, menos Alessandro Petacchi, que ya se había ido, fuimos a comer. Aunque he de decir que no me acabó de convencer del todo el sitio, comí bastante bien, con pulpito, queso de tetilla, y más manjares del estilo. Luego, la tarde la dedicamos básicamente a vaguear. Pero contaré todo lo que yo hice, ya que aquí cada uno fue a su bola, y yo en cambio hice cosillas interesantes.
Era imprescindible el abrazo a Santiago. Así que allí que me fui, acompañado por otros dos integrantes de la expedición. Hicimos la cola, subí, y abracé a Santiago, prometiéndole que volvería algún día. Pero más tarde, El Ciclista Segoviano también quería ir, y me sirvió de excusa para volver, ya que la otra había sido un poco con prisas. Esta vez, mucho más tranquilo, aunque rápidamente, pedí cosas, prometí otras, y di las gracias por muchas otras, principalmente por el Camino en sí. También, con el crack de Segovia, visitamos la tumba, e incluso me permití pedirle que echásemos un vistacillo a la tienda, por si había algo interesante. Luego, mientras los demás veían un espectáculo callejero, yo volví a entrar en la Catedral, y me arrodillé (seguramente para asombro de Mac) para hacer mis oraciones. Lo conseguí, aunque unas señoras intentaron molestarme y lo consiguieron, y una familia se puso delante de todo a hablar. Finalmente, me compré una vieira con la cruz de Santiago para poner en mi cuarto, y me uní definitivamente al grupo, que seguía viendo el espectáculo. La tarde agonizaba, y nuestra salida de Santiago era ya inevitable.
Fuimos a la estación de autobuses, nos acicalamos un pelín, y nos despedimos de los que se quedaban allí. Subimos al autobús, y yo, con ganas de seguir el show, llené todo lo imaginable de batido de chocolate. Gracias a ésto Mac disfrutó de unas risas toooodo el viaje, además del graaan sol de los de delante, el pequeño gran minisol. El viaje no fue del todo malo para mí, aunque sí para mis compañeros. Y a las 6:30 de la mañana, mis compañeros, el batido, y yo, llegamos a Madrid, y nos metimos en el metro, para finalmente separarnos, e ir hacia casa cada uno por su camino... Eso sí, ya no era el Camino de Santiago.
Y por fin, llegué a casa, con la mochila a cuestas. Cuando me tumbé en la cama, las imágenes se sucedían en mi cabeza. Nuestro batería sin poder terminar, el cansancio, los dolores, la ilusión al ver la Catedral, toda la gente que habíamos conocido por los albergues, las risas, los excelentes compañeros del viaje, las muchachas, mi querido Santiago... Un sinfín de experiencias para nunca olvidar... Una vez Machado escribió aquello de "Caminante no hay camino, se hace camino al andar"... El camino sí que existe, y sólo hay que seguirlo. Pero cada uno, cada individuo, cada peregrino que lo recorre, hace su propio Camino de Santiago, hace su propia historia. Cada peregrino hace su camino al andar, todos diferentes pero con un mismo objetivo, miles de historias en un mismo camino. Y yo nunca olvidaré mi historia, mi Camino de Santiago 2009. Épico, mítico, grandioso...
PD: La última cita del relato, para todos... "No me acuerdo de olvidarte." (Memento).
8 comentarios:
Probablemente, la mejor entrada de todo el blog. Enhorabuena por ella y por el Camino en sí.
Cuando ya no te queden variantes en las que hacerlo, cuenta conmigo para un rally, o a caballo, o en Segway XD.
El proximo año en bici. Vete preparando eh??
Gracias...
Me ha encantado leer cada entrada del blog. Aunque no viviera algunos grandes momentos, es como si los hubiera disfrutado en el momento.
Grande
Más gracias...
Me sumo a las feliciaciones generales. Has hecho una memoria bastante buena de nuestras aventuras.
Compañeros, que no se diga que dejamos nada sin hacer en el camino. Nadie podrá decir que no lo dimos todo en todo momento.
Y sobre todo, nadie podrá decir que no nos comportamos como auténticos supervivientes de cierto vuelo de Oceanic...
"vivir juntos, morir solos"
Gracias a todos de verdad...
Me gusta esa Mac. Live together, die alone.
Hasta la próxima ;)
Me ha encantado el relato, sobre todo el final tras la cita de Machado, precioso.
Gracias primero a MacNacho por invitarme a hacer el camino y luego gracias a los 10 por la compañía.
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