Espectacular la Real hoy, con una exhibición que deja en ridículo tanto al entrenador como a los supuestos periodistas y demás farándula que afirmaba chorradas como que Illarra no podía jugar de cuatro, cuando es, claramente, la posición en que más destaca. Una exhibición del chaval hoy, que lo cortó todo y distribuyó mejor. Y es que quitar a Markel, Estrada y Agirretxe sólo puede reportar beneficios. Carlos Martínez aporta quince veces más que Estrada, y lo mismo Ifrán, que tiene mucho más fútbol que el desafortunado nueve de la Real.
La primera parte fue brutal y el 2-0 se quedaba corto con el habitual robo arbitral a domicilio. Gol mal anulado a Ifrán y falta o penalti no pitado con un tío que disimula llevándose las manos a la cara cuando le había dado en el brazo. Patético, aunque no más que Mateu Lahoz, tan malo como todos. Enorme Pardo y enorme Vela, marcando los dos primeros goles.
Y en la segunda parte, pese a salir un poco tranquilos al principio, tenía que llegar más, y así fue con Mikel González haciendo una de sus beckenbaueradas, y por último Chory Castro, que se marcó otro partidazo. Bien también Prieto, que es imprescindible para la Real, y claramente el mejor técnicamente.
Una exhibición que deja incluso mal sabor de boca, puesto que podríamos estar disfrutando de esto no ya desde verano, si no desde el año pasado. Y no nos confundamos, que ya el amigo Lasarte se negaba a poner a Illarra. Si es que la Real tiene mérito, con la de incompetentes que hay ahí dentro...
lunes, 19 de noviembre de 2012
Tienen que jugar los buenos
Etiquetas:
Carlos Martínez,
Ifrán,
Illarra,
Real Sociedad,
Rubén Pardo,
Vela,
Xabi Prieto
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Vale, ¿y qué?
Atención, posibles spoilers de El Prisionero del Cielo de Carlos Ruiz Zafón, deja de leer si tienes intención de leerlo. No voy a contar nada en realidad, pero por si acaso.
No me pareció bien el final del libro. Abrupto y claramente destinado a vender dos tomos en lugar de uno. Sé que hay miles de sagas, algunas de las cuales me gustan mucho, pero hombre, hay que tener una estructura en cada libro con principio y final, ¡y en este en realidad no pasa nada! Que claro que pasa algo, muchas cosas, pero no me parece lo suficiente como para poder darlo por terminado.
De cualquier manera, está bien el libro, excepto esa parte final en la que me parece que los capítulos tienen demasiada prisa por terminar. Zafón debe revisar cada frase que escribe y todas tienen unas cuantas vueltas de tuerca, como si las rebozase de literatura. Veremos en qué acaba toda la historia, porque, en realidad, debería estar agradecido de poder leer otro libro más.
Pocas historias hoy, en un día donde todo estaba abierto y la huelga sólo la noté en el autobús. Steinbeck me sigue sorprendiendo por sus dos registros tan diferentes, aunque siempre en ese ambiente americano. Nespresso nos invitó a la nueva edición especial de nuez de Macadamia, muy rica. Los cuatro tíos con todas las acciones de la Real volvieron a controlar un junta de "accionistas", donde por defender se defiende hasta a Loren. Ibrahimovic marcó este auténtico golazo. Y el escocés me respondió a un mail, con carcajadas incluidas y mucha alegría.
No me pareció bien el final del libro. Abrupto y claramente destinado a vender dos tomos en lugar de uno. Sé que hay miles de sagas, algunas de las cuales me gustan mucho, pero hombre, hay que tener una estructura en cada libro con principio y final, ¡y en este en realidad no pasa nada! Que claro que pasa algo, muchas cosas, pero no me parece lo suficiente como para poder darlo por terminado.
De cualquier manera, está bien el libro, excepto esa parte final en la que me parece que los capítulos tienen demasiada prisa por terminar. Zafón debe revisar cada frase que escribe y todas tienen unas cuantas vueltas de tuerca, como si las rebozase de literatura. Veremos en qué acaba toda la historia, porque, en realidad, debería estar agradecido de poder leer otro libro más.
Pocas historias hoy, en un día donde todo estaba abierto y la huelga sólo la noté en el autobús. Steinbeck me sigue sorprendiendo por sus dos registros tan diferentes, aunque siempre en ese ambiente americano. Nespresso nos invitó a la nueva edición especial de nuez de Macadamia, muy rica. Los cuatro tíos con todas las acciones de la Real volvieron a controlar un junta de "accionistas", donde por defender se defiende hasta a Loren. Ibrahimovic marcó este auténtico golazo. Y el escocés me respondió a un mail, con carcajadas incluidas y mucha alegría.
Etiquetas:
Carlos Ruiz Zafón,
El Prisionero del Cielo,
Nespresso,
Real Sociedad,
Steinbeck
martes, 13 de noviembre de 2012
La Behobia en palabras
Tras pulsar "Snooze" varias veces en el teléfono, finalmente me levanto dispuesto a desayunar cumpliendo todos los consejos recibidos a lo largo de las últimas jornadas. Son cerca de las nueve de la mañana, y aunque mi intención es comer unas cuantas Digestive con leche, mi tía me insiste en que si no voy a comer cereales, así que finalmente lo hago. Me resisto al deleite del café para no tener ganas de ir al baño más tarde, aunque Australia sí que da buena cuenta de él. Cuando acabo, ya sin nada que hacer, ligeramente nervioso, prefiero levantarme e ir a vestirme. Finalmente decido ir con mallas, camiseta larga debajo y la de Jack encima. Cojo el chubasquero por si acaso, y al poco tiempo ya estoy saliendo de casa para coger el topo con el que llegar a la salida.
La estación está teñida de colores llamativos, todos aquellos con los que los corredores visten para la carrera, seguramente, más importante del año. Chips ya anudados en las zapatillas. Tras subir al vagón me rodea gente de todo tipo. Un grupo de tres tíos hablan, uno de ellos con acento francés. Un txuriurdin habla con su amigo al otro lado. Dos señoras parecen disgustadas con tener que ir de pie, aunque después vayan a correr veinte quilómetros. Una pareja a mi izquierda con pinta de no correr mucho no para de mirar por los cristales y señalar cosas de fuera, probablemente partes del camino que recorreremos más tarde. Al final acabamos por llegar, y como siempre en estos casos, bajo acompañando a la masa sin tener ni idea de dónde estoy o dónde voy, simplemente siguiendo a la gente. Subimos en uno de los denominados "autobuses lanzadera", que cuando está lleno parte bajo la lluvia. Multitud de runners al lado del autobús corren o andan bajo la lluvia hacia la zona de salida. Para cuando el autobús abre sus puertas, al más puro estilo del Desembarco de Normandía, salimos al ambiente hostil desorientados.
Veo mucha, muchísima gente. Unos corren calentando. Otros se refugian bajo cualquier superficie cubierta imaginable. Una megafonía despide gritos y canciones de moda para animar a los que ya están saliendo. Cada vez que un grupo sale hay un cohete, cada vez que hay un cohete me asusto. Acabo por resguardarme bajo una iglesia, y allí hago los preparativos para la carrera. Chip en la zapatilla, dorsal en la camiseta, lleno los bolsillos de lo necesario. La espera se puede hacer larga, se corre riesgo de enfriarse. Un chico de los vascos clásicos calienta a mi lado, pero en lugar de resguardarse lo hace bajo la lluvia. Se van sucediendo los acompañantes, unos vienen y otros van. Uno le pregunta a otro por su modelo de zapatillas, y cuando el segundo acaba por irse pienso que me puede preguntar por las mías y que no tengo ni idea. Cruzo tres o cuatro palabras con un par de personas, y para cuando me voy les deseo suerte. Me asusto un poco porque no veo mi pancarta de 11:28, pero al final la encuentro y me sitúo tranquilamente en el grupo. Los laterales están asombrosamente llenos de ropa que la gente ha tirado, que usan para estar calientes pero desechan cuando tienen que empezar a correr. La cantidad es ingente y me impresiona. Suena Mumford & Sons justo antes de salir, aunque la canción con la que empiezo a correr es una de esas portuguesas/brasileñas de moda de teretete. No me afecta, en mi iPod ya suena Explosions In The Sky, abro la Behobia como abrió Friday Night Lights sus andaduras.
A los pocos metros de ir corriendo me calmo a mí mismo, no tiene sentido cansarse tratando de adelantar a la gente. Ya iré a más. Empiezo a fijarme a izquierda y derecha para tratar de ver a mi prima, y la cantidad de gente en los laterales me alucina. Realmente me emociono, el ambiente es épico, bajo la intensa lluvia, con toda esa gente a la que no debería importarle nada animando allí con el frío y el agua. Voy tranquilo, despacio, guardo mucho, ya correré luego.
En un abrir y cerrar de ojos estoy en la Gaintxurizketa, o eso creo. La concentración de gente es mucho menor, se corre fácil y a gusto. En las subidas regulo mucho, en las bajadas no aprieto. Bebo en los avituallamientos bajo amenazas de muerte de mi familia. Era cierto, beber corriendo es muy difícil. La gente sigue animando, los niños ponen la mano para que choques. Sonrío a algunas personas que animan solitarias, alguno me devuelve la sonrisa.
Sobre el quilómetro once me duele el tobillo. Pienso que bueno, se seguirá como se pueda lo que queda. Se pasa al rato, las únicas molestias las de la planta del pie que llevan semanas avisando. Se corre y corre sin parar, no te planteas mucho más, simplemente corres. Te fijas en el de la gorra que va delante, piensas que va más despacio y que le pasas o que es una buena rueda. En toda la primera parte del recorrido llueve bastante. Luego para aunque vuelve a ratos.
Pasajes huele a puerto. Hay raíles, terreno irregular, muy ancho. Cojo agua al que lleva el chubasquero de la Real. Siguen los gritos de "¡Ánimo!" y demás. Se hace larga esta parte. Los auriculares del iPod no han resistido el agua y voy sin música. Sigo guardando porque me han advertido que la parte más dura es ahora. Aunque soy reacio a creerlo, porque en el perfil parecía más duro lo de antes, pienso que después de la última subida ya iré más rápido. Y efectivamente, es muy dura la subida. Mucha gente parada, andando. Muchísimos ánimos también. Todos te dicen que ya te queda poco y que luego no hay más. Que ya casi acabas la cuesta. Que ya has hecho lo más duro. Desde ahí ya sé exactamente dónde estoy. Al acabar el alto de Miracruz ya voy pendiente de dónde se habrá puesto mi tía. Acelero mínimamente, casi nada. Al doblar la curva veo a mis familiares y animadores particulares. Se escucha mi nombre coreado. Les dejo atrás y se ve la Zurriola al fondo. El mar que tanto me gusta. Ya no queda nada. Me cuesta un poco más de lo normal respirar. Para cuando afronto la recta final pienso que acelerar mucho es estúpido. Subo el ritmo pero sin locuras. No voy a fliparme el último quilómetro habiendo hecho 19 antes. Siento que mucha gente llega desfondada y que yo voy muy bien.
Me voy fijando en el lado izquierdo de la grada. Australia debería estar ahí. La veo junto con Cuack pero en el lado derecho. Temerario yo, cruzo para saludarlas y entro en meta, tratando inútilmente de parar mi iPod que ya había hecho lo propio mucho antes. Cuando dejo de correr la vista me hace un extraño durante medio segundo. Debe ser que ahora lo veo todo más despacio. Decido ir a trincar las cosas, y mientras intento quitarme el iPod de la manga una señora me "mete prisa" para que devuelva el chip. Me sienta un poco mal, ella no se acaba de correr lo que yo sí. Cojo la medalla, me la cuelgo al cuello, y recojo también las bolsas de víveres. Trato de ir a buscar a Australia pero la ciudad es una locura. Al final nos encontramos y le doy un poco de mi chocolate. He acabado la Behobia-SS. Menos de dos horas, aunque querría haber hecho menos. Vuelvo a casa andando tranquilamente, comiendo frutas que no me gustan, contento, y con la sensación de que se ha pasado rapidísimo. Hace un momento estaba allí y ahora ya he acabado. Another memory en mi vida. Ahora ya quiero volver el año que viene y bajar de 1:45. Hasta pronto, Behobia.
La estación está teñida de colores llamativos, todos aquellos con los que los corredores visten para la carrera, seguramente, más importante del año. Chips ya anudados en las zapatillas. Tras subir al vagón me rodea gente de todo tipo. Un grupo de tres tíos hablan, uno de ellos con acento francés. Un txuriurdin habla con su amigo al otro lado. Dos señoras parecen disgustadas con tener que ir de pie, aunque después vayan a correr veinte quilómetros. Una pareja a mi izquierda con pinta de no correr mucho no para de mirar por los cristales y señalar cosas de fuera, probablemente partes del camino que recorreremos más tarde. Al final acabamos por llegar, y como siempre en estos casos, bajo acompañando a la masa sin tener ni idea de dónde estoy o dónde voy, simplemente siguiendo a la gente. Subimos en uno de los denominados "autobuses lanzadera", que cuando está lleno parte bajo la lluvia. Multitud de runners al lado del autobús corren o andan bajo la lluvia hacia la zona de salida. Para cuando el autobús abre sus puertas, al más puro estilo del Desembarco de Normandía, salimos al ambiente hostil desorientados.
Veo mucha, muchísima gente. Unos corren calentando. Otros se refugian bajo cualquier superficie cubierta imaginable. Una megafonía despide gritos y canciones de moda para animar a los que ya están saliendo. Cada vez que un grupo sale hay un cohete, cada vez que hay un cohete me asusto. Acabo por resguardarme bajo una iglesia, y allí hago los preparativos para la carrera. Chip en la zapatilla, dorsal en la camiseta, lleno los bolsillos de lo necesario. La espera se puede hacer larga, se corre riesgo de enfriarse. Un chico de los vascos clásicos calienta a mi lado, pero en lugar de resguardarse lo hace bajo la lluvia. Se van sucediendo los acompañantes, unos vienen y otros van. Uno le pregunta a otro por su modelo de zapatillas, y cuando el segundo acaba por irse pienso que me puede preguntar por las mías y que no tengo ni idea. Cruzo tres o cuatro palabras con un par de personas, y para cuando me voy les deseo suerte. Me asusto un poco porque no veo mi pancarta de 11:28, pero al final la encuentro y me sitúo tranquilamente en el grupo. Los laterales están asombrosamente llenos de ropa que la gente ha tirado, que usan para estar calientes pero desechan cuando tienen que empezar a correr. La cantidad es ingente y me impresiona. Suena Mumford & Sons justo antes de salir, aunque la canción con la que empiezo a correr es una de esas portuguesas/brasileñas de moda de teretete. No me afecta, en mi iPod ya suena Explosions In The Sky, abro la Behobia como abrió Friday Night Lights sus andaduras.
A los pocos metros de ir corriendo me calmo a mí mismo, no tiene sentido cansarse tratando de adelantar a la gente. Ya iré a más. Empiezo a fijarme a izquierda y derecha para tratar de ver a mi prima, y la cantidad de gente en los laterales me alucina. Realmente me emociono, el ambiente es épico, bajo la intensa lluvia, con toda esa gente a la que no debería importarle nada animando allí con el frío y el agua. Voy tranquilo, despacio, guardo mucho, ya correré luego.
En un abrir y cerrar de ojos estoy en la Gaintxurizketa, o eso creo. La concentración de gente es mucho menor, se corre fácil y a gusto. En las subidas regulo mucho, en las bajadas no aprieto. Bebo en los avituallamientos bajo amenazas de muerte de mi familia. Era cierto, beber corriendo es muy difícil. La gente sigue animando, los niños ponen la mano para que choques. Sonrío a algunas personas que animan solitarias, alguno me devuelve la sonrisa.
Sobre el quilómetro once me duele el tobillo. Pienso que bueno, se seguirá como se pueda lo que queda. Se pasa al rato, las únicas molestias las de la planta del pie que llevan semanas avisando. Se corre y corre sin parar, no te planteas mucho más, simplemente corres. Te fijas en el de la gorra que va delante, piensas que va más despacio y que le pasas o que es una buena rueda. En toda la primera parte del recorrido llueve bastante. Luego para aunque vuelve a ratos.
Pasajes huele a puerto. Hay raíles, terreno irregular, muy ancho. Cojo agua al que lleva el chubasquero de la Real. Siguen los gritos de "¡Ánimo!" y demás. Se hace larga esta parte. Los auriculares del iPod no han resistido el agua y voy sin música. Sigo guardando porque me han advertido que la parte más dura es ahora. Aunque soy reacio a creerlo, porque en el perfil parecía más duro lo de antes, pienso que después de la última subida ya iré más rápido. Y efectivamente, es muy dura la subida. Mucha gente parada, andando. Muchísimos ánimos también. Todos te dicen que ya te queda poco y que luego no hay más. Que ya casi acabas la cuesta. Que ya has hecho lo más duro. Desde ahí ya sé exactamente dónde estoy. Al acabar el alto de Miracruz ya voy pendiente de dónde se habrá puesto mi tía. Acelero mínimamente, casi nada. Al doblar la curva veo a mis familiares y animadores particulares. Se escucha mi nombre coreado. Les dejo atrás y se ve la Zurriola al fondo. El mar que tanto me gusta. Ya no queda nada. Me cuesta un poco más de lo normal respirar. Para cuando afronto la recta final pienso que acelerar mucho es estúpido. Subo el ritmo pero sin locuras. No voy a fliparme el último quilómetro habiendo hecho 19 antes. Siento que mucha gente llega desfondada y que yo voy muy bien.
Me voy fijando en el lado izquierdo de la grada. Australia debería estar ahí. La veo junto con Cuack pero en el lado derecho. Temerario yo, cruzo para saludarlas y entro en meta, tratando inútilmente de parar mi iPod que ya había hecho lo propio mucho antes. Cuando dejo de correr la vista me hace un extraño durante medio segundo. Debe ser que ahora lo veo todo más despacio. Decido ir a trincar las cosas, y mientras intento quitarme el iPod de la manga una señora me "mete prisa" para que devuelva el chip. Me sienta un poco mal, ella no se acaba de correr lo que yo sí. Cojo la medalla, me la cuelgo al cuello, y recojo también las bolsas de víveres. Trato de ir a buscar a Australia pero la ciudad es una locura. Al final nos encontramos y le doy un poco de mi chocolate. He acabado la Behobia-SS. Menos de dos horas, aunque querría haber hecho menos. Vuelvo a casa andando tranquilamente, comiendo frutas que no me gustan, contento, y con la sensación de que se ha pasado rapidísimo. Hace un momento estaba allí y ahora ya he acabado. Another memory en mi vida. Ahora ya quiero volver el año que viene y bajar de 1:45. Hasta pronto, Behobia.
Etiquetas:
Behobia-SS 2012,
Explosions In The Sky,
iPod,
Mumford and Sons,
San Sebastián
martes, 6 de noviembre de 2012
De postín
Mucho lío estos días, porque en la universidad empiezan a mandar cosas, y entre todas las mañanas ocupadas con el trabajo, las clases, los deberes, preparar la Behobia y demás obligaciones, al final acabo sin tiempo para nada.
Cuando puedo leo El Prisionero del Cielo de Zafón, que está bien, aunque siempre me queda la duda de si tenía que haber releído los otros dos antes para encajar bien todo. Pero de momento me está gustando la verdad. Así que esperas de autobuses/metros, amén de los momentos previos a dormir por supuesto, están siendo amenos.
El Movember va viento en popa, o moustache en cara, aunque voy a tener que hacerme con cuchillas de calidad, porque esto de afeitarse no hay quien lo aguante. Lo que no sé si voy a aguantar es la presión de la universidad, porque en el trabajo no hay problema, pero ahí, con tanta gente del turno de tarde que no conozco... ¡Va a ser un reto!
El iPod roto y dejado de lado, sin tiempo de pensar en qué hacer con él. Han sido tantas andanzas que la tristeza me invade. Supongo que intentaré presupuestarlo en Apple a ver qué me dicen, y luego ya decidir. El problema es que para mi Nike+ lo necesito... Veré qué hago para la Behobia, ¡porque es que es imprescindible!
Y nada, os dejo con un buen vídeo de Mumford & Sons, de la canción que más me gustó en su primera escucha, y que me hizo correr más (¡porque lo escuché mientras corría por el Retiro por primera vez!). Lover of the light.
Cuando puedo leo El Prisionero del Cielo de Zafón, que está bien, aunque siempre me queda la duda de si tenía que haber releído los otros dos antes para encajar bien todo. Pero de momento me está gustando la verdad. Así que esperas de autobuses/metros, amén de los momentos previos a dormir por supuesto, están siendo amenos.
El Movember va viento en popa, o moustache en cara, aunque voy a tener que hacerme con cuchillas de calidad, porque esto de afeitarse no hay quien lo aguante. Lo que no sé si voy a aguantar es la presión de la universidad, porque en el trabajo no hay problema, pero ahí, con tanta gente del turno de tarde que no conozco... ¡Va a ser un reto!
El iPod roto y dejado de lado, sin tiempo de pensar en qué hacer con él. Han sido tantas andanzas que la tristeza me invade. Supongo que intentaré presupuestarlo en Apple a ver qué me dicen, y luego ya decidir. El problema es que para mi Nike+ lo necesito... Veré qué hago para la Behobia, ¡porque es que es imprescindible!
Y nada, os dejo con un buen vídeo de Mumford & Sons, de la canción que más me gustó en su primera escucha, y que me hizo correr más (¡porque lo escuché mientras corría por el Retiro por primera vez!). Lover of the light.
Etiquetas:
Behobia-SS 2012,
Carlos Ruiz Zafón,
El Prisionero del Cielo,
iPod,
Movember,
Mumford and Sons
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
